Cunetas y lindes: El último refugio para innumerables especies de animales y plantas.

Cuneta
Cuneta

La profunda humanización de la práctica totalidad de los paisajes naturales ha conllevado la desaparición de gran parte del ecosistema necesario para la supervivencia de nuestra flora y fauna. Desde hace muchos siglos, los seres humanos hemos transformado bosques y pastizales en dehesas y campos de labor con el fin de conseguir los productos necesarios para nuestra propia subsistencia. La sustitución de los ecosistemas naturales primigenios por ecosistemas humanizados supuso la pérdida de buena parte de sus valores ambientales.

Admirablemente, la tenacidad de los seres vivos permitió que se mantuvieran algunas de sus poblaciones y que se llegaran a crear nuevos ecosistemas, que sin llegar a contar con el valor de los paisajes originales, sí que consiguieron salvaguardar parte de su riqueza natural.

Más recientemente, el aumento desorbitado de la demanda de productos agrícolas y ganaderos (carne, leche, cultivos, etc) para el consumo humano, ha provocado la intensificación de las prácticas agrícolas y ganaderas, hasta el punto de haber hecho desaparecer a muchas de las especies que habían conseguido adaptarse a esa transformación histórica de sus hábitats. Tal está siendo el grado de industrialización de nuestros campos, que para muchas especies, el último refugio que les ofrece cobijo y comida ha quedado restringido a las escasas lindes y cunetas que aún subsisten.

Las actuales prácticas agrícolas encaminadas a arar, quemar y fumigar estos últimos reservorios de vida, suponen la ruina definitiva para especies tan familiares como la perdiz, la codorniz y la tórtola, todas ya gravemente afectadas por la pérdida de sus zonas de cría, campos de matorral y herbazales, y por el uso masivo de todo tipo de pesticidas que matan y envenenan los insectos y semillas que son la base de su alimentación. Junto a ellas, también perdemos a otras aves tan llamativas como jilgueros, pardillos, trigueros, alcaudones, y otros animales más discretos, como erizos, reptiles y anfibios. Igualmente, desaparecen zorros, garduñas y comadrejas que son los mejores aliados del agricultor en su lucha por controlar las poblaciones de topillos, que a su vez, cumplen una inestimable labor medioambiental como base de la alimentación de incontables depredadores de todos los tamaños. Toda una tragedia de efectos inesperados y encadenados que se podría evitar si fuéramos capaces de respetar estas “líneas” de vida, que no aportarían un aumento considerable de las rentas agrarias, pero sí son la última esperanza para muchos de los animales propios de los paisajes abiertos. Pequeños gestos que nos ayudarían a cuidar de nuestros compañeros de planeta y de nuestra propia calidad de vida.

Un abrazo y nos vemos en el campo.

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Autor: AQUILANaturaleza

Conservación y disfrute respetuoso de la Naturaleza, educación y formación ambiental y turismo de naturaleza.

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