La encina: el corazón y el alma del paisaje ibérico

Encina
Encina (Quercus ilex)

La encina es, sin duda alguna, la reina de los paisajes ibéricos. Ningún otro ser vivo como ella puede representar la esencia más auténtica de la naturaleza mediterránea. Auténtica catedral de nuestras llanuras y sierras, todo en ella es pura vida y generosidad. En el más crudo de los inviernos y en el más abrasador de nuestros estíos, sus ramas, raíces y hasta su corteza atormentada por el fuego y el hacha, dan cobijo a los habitantes de nuestros campos. Tal es su capacidad para ofrecer recursos que se puede afirmar que, prácticamente, no hay animal del interior peninsular, que no tenga algún tipo de ligazón con la encina. Desde la punta más alta de su copa chata hasta la maraña de sus raíces, y desde su rugosa piel hasta su oscuro corazón, la encina es la más completa de todas las guías de campo. Detenernos a mirar a una encina es echar un vistazo a la casa abierta y palpitante de lo que nunca debió convertirse en humo.

Sus ramas enormes y acogedoras sostienen los nidos de muchas de nuestras más preciadas joyas. Águilas imperiales y reales, buitres negros y, algún que otro buitre leonado, son algunos de sus más celebres habitantes. Más discreta, la Cigüeña negra esconde su nido en el interior del armazón de su copa. Protegida por sus ramas y hojas acorazadas, quedará a salvo de las miradas traicioneras de los que no ven más que leña y bellotas.

En las grietas y agujeros de los gruesos troncos de las encinas viejas, las criaturas del día y de la noche se esconden seguras. En un campo español donde los árboles son talados antes de poder envejecer para agrietarse, los troncos de las añejas encinas brindan los únicos agujeros que encontrarán aquellos que necesitan de su seguridad. Cárabos, búhos chicos, autillos, lechuzas comunes, lirones, jinetas, garduñas, gatos monteses, zorros, murciélagos e infinidad de passeriformes

Hasta el lince esconde a sus preciados cachorros en el hueco seguro de las viejas troncas devoradas por los siglos y los rayos. Su corazón de madera protege a los delicados tigres ibéricos del hielo del último invierno, de la fuerza torrencial de las tormentas primaverales y del sol abrasador del verano más mediterráneo……

Un abrazo y nos vemos en el campo.
Aquila Naturaleza.

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Autor: AQUILANaturaleza

Conservación y disfrute respetuoso de la Naturaleza, educación y formación ambiental y turismo de naturaleza.

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