¿Está sucio el río Tormes?, Sí, pero no de arena y de vegetación, sino de miles de plásticos, latas, neumáticos y todo tipo de basura que vertemos desde nuestras ciudades y pueblos.

A mediados de marzo la pesquera del Tormes a su paso por la ciudad de Salamanca, entre el Puente Romano y el puente Enrique Estevan, se rompió debido a la fuerte crecida de sus aguas y a sus muchos años de vida. En pocas horas, el agua embalsada se evacuó por esta grieta y el nivel del río descendió. Lógicamente, emergió el fondo y se pudo ver la capa de sedimentos que el río ha ido transportando y depositando en su curso. Esta imagen de grandes superficies de arena, islotes entre charcos y cursos estrechos de agua, no reflejan otra cosa que la imagen natural de nuestro río, antes de que los embalses “regularan” el curso para uso humano, y su caudal natural fuera alterado. El río Tormes es un río mediterráneo y esto supone que tenga acusados cambios de caudal: si llueve, lleva agua, y si no llueve, pierde caudal y puede llegar a cortarse, exactamente igual que todos los ríos del mundo. Nada nuevo, ni catastrófico. Lógicamente, las enormes necesidades de agua del ser humano nos llevaron a construir embalses y a regular su caudal para asegurarnos el suministro durante todo el año.

Tristemente, esta rotura de la pesquera del Tormes, la lógica bajada de su caudal y la natural aparición de esta gruesa capa de sedimentos ha disparado la habitual apreciación de que el río Tormes está sucio y hay que limpiarlo. Lamentablemente, lo que muchos de los ciudadanos consideran como basura son estos sedimentos y la vegetación de ribera y, no tanto, los sempiternos y vergonzosos miles de botellas de plásticos, latas, neumáticos y todo tipo de basuras que el ser humano vierte sobre todos los ríos. Como si se tratara de una autentica marea de plásticos, las afortunadas lluvias de este marzo han arrastrado toda esta basura, que ha cubierto todos los ríos y arroyos que se encuentran aguas debajo de nuestras poblaciones, por muy pequeñas que sean. Esta es la basura que tenemos que limpiar y, aún mucho mejor, dejar de lanzarla a los ríos como si fueran enormes cubos de basura. Lo otro, la arena y la vegetación de ribera (islas, playones, orillas, masas de eneas y carrizos) son parte inseparable de la vida y salud de nuestros ríos y hasta de nuestra economía.

¿Dónde han plantado y cosechado los agricultores las mejores producciones vegetales desde que hace más de 8000 años se iniciara la agricultura? Si nos fijamos en los ríos veremos que a ambos lados de su curso existen superficies llanas, más o menos extensas. ¿Cómo se formaron semejantes superficies llanas? Esta curiosa superficie llana no es otra cosa que la llanura de inundación que forman todos los ríos en sus cursos medios y bajos. Tan natural como esto: si llueve poco, el río va por su curso, si llueve mucho, el río lleva mucho caudal y debe evacuarlo ocupando una superficie en sus márgenes, la llanura de inundación. ¿Cumplen alguna función estás crecidas y salidas del cauce? Con cada una de estas crecidas, los ríos van depositando sucesivas capas de sedimentos: la arena de las rocas que el río erosiona y transporta y la materia vegetal que crece en su cauce o ha llegado desde sus afluentes. Esta mezcla de minerales de la tierra y de materia orgánica de la vegetación de ribera forma el fértil suelo orgánico que asienta algunos de los más productivos y estratégicos cultivos del mundo. ¿Qué papel cumple la vegetación de los ríos? Además de aportar incalculables cantidades de nutrientes a estos suelos: protege las orillas de las crecidas de los ríos (y de paso, la casas y puentes que hemos levantado en zonas potencialmente muy peligrosas), limpia el aire de nuestra contaminación, nos regala oxígeno (¿qué precio ponemos a nuestra salud?), es el hogar para innumerables animales, nos ofrecen el mejor entorno para disfrutar de la Naturaleza, para pasear, jugar con nuestros hijos, desconectar de la ciudad y para diseñar un parque (¡¡mucho mejor si es fuera de esta llanura de inundación!!), etc.

Muy lejos de ser basura, estas formaciones de eneas y carrizos funcionan como efectivas “maquinas de depuración de las aguas”, al inyectar un flujo continuo de oxígeno que ayuda a descomponer buena parte de los vertidos fecales e industriales de nuestras ciudades, fábricas, cultivos, etc. Igualmente insustituible es su función como hogar de innumerables especies silvestres. Para muchas aves en el único hábitat donde pueden reproducirse: carriceros, avetorillos, fochas, gallinetas, polluelas, etc.

¿Tienes sentido eliminar la vegetación de ribera? Lógicamente, la seguridad de la población es prioritaria. Si un árbol seco puede ser arrastrado por el agua y bloquear un puente, hay que retirarlo. Más allá de estas intervenciones razonables, resultan innecesarias, carísimas y contraproducentes las periódicas eliminaciones de vegetación.

¿Qué efectos negativos tiene eliminar la vegetación de ribera?

  • Perdemos su función depuradora del agua y el aire. Esta pérdida se puede estimar en cientos de millones de euros, que son los que harían falta para que todas las aguas fecales e industriales pasaran por depuradoras, que aún hoy no lo hacen.
  • Perdemos la barrera natural que frena el empuje del agua y protege las orillas y las miles de viviendas que incomprensiblemente hemos levantado en las riberas y dentro de las llanuras de inundación. Sin el bosque de ribera, con sus árboles, arbustos e islas, en la siguiente crecida el río golpeará directamente sobre las orillas, cultivos y nuestras viviendas.
  • Al eliminar gran parte del arbolado y dejar sólo los árboles “mas vistosos”, altos y rectos, el bosque pierde su capacidad de resistir las embestidas del viento y se dispara el riesgo de que una racha de viento, incluso no muy intensa, pueda derribar estos árboles aislados y causar una desgracia.
  • Supone un gasto irrecuperable de dinero público. Si yo elimino una isla o una playa porque considero que es suciedad o un obstáculo para que el agua corra y no cause inundaciones, ¿tengo alguna seguridad de que no vuelvan a formarse? Con la siguiente crecida, el proceso de sedimentación se volverá a repetir, exactamente igual que lleva haciéndolo desde hace cientos de millones de años. Irremediablemente, los nuevos sedimentos aportados por el río se acumularán, las islas volverán a surgir y, sobre ellas, el bosque renacerá. ¿Volveremos a gastar otros cientos de miles o millones de euros de dinero público dos o tres años después de la última “limpieza de cauce”? ¿No será más razonable entender y respetar el funcionamiento natural de los ríos, entender que los ríos se salen de su curso, que necesitamos estas crecidas y sus bosques y, muy especialmente, dejar de construir polígonos industriales, pabellones y ciudades enteras dentro de zonas potencialmente muy peligrosas?

En definitiva, cuida tus ríos, cuida sus bosques, comprende que ni los ríos ni los bosques son un peligro o basura y regálate el placer inmenso de disfrutar de un buen paseo por sus orillas.

 

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Autor: AQUILANaturaleza

Conservación y disfrute respetuoso de la Naturaleza, educación y formación ambiental y turismo de naturaleza.

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