El aguilucho cenizo: la suave brisa de las llanuras.

Relatos de la naturaleza

De todas las rapaces de nuestras llanuras, ninguna otra vuela con tanta gracia y elegancia sobre los suaves vientos que mecen trigos y cebadas. Ligera como una mariposa gigante, su vuelo ingrávido le permite recorrer grandes extensiones de terreno sin apenas dar un aleteo.

Aguilucho cenizo de Eduardo Carrasco

Antiguo reproductor de los pastizales y matorrales bajos, la extensión de la agricultura transformó su hogar en un infinito cultivo. Afortunadamente, los aguiluchos (tanto el cenizo como el pálido) pudieron capear lo más grueso del temporal y lograron hacer de los altos cereales de secano su nuevo hogar.

Planeador y acróbata insuperable, todos los años recorre, dos veces, la colosal distancia entre Europa, donde se reproduce, y África, donde recala en su eterna primavera para salvar el crudo invierno europeo.

 Al regresar cada primavera, hace suya una parcela de terreno que puede tener muy pocos metros cuadrado.  Su modesto tamaño y su fuerza escasa, le lleva a buscar la compañía de otras parejas para poder defender juntos sus nidadas frente a multitud de depredadores: zorros, milanos negros, águilas calzadas y sus primos de gran tamaño, los aguiluchos laguneros. Al primer grito de alarma, toda la colonia se eleva en los cielos en un remolino de alas y gritos en pos del enemigo mayor, pero menos ágil. El trabajo conjunto les brinda algunas victorias y algunas tragedias.

De todos los espectáculos que nos regalan durante su estancia, nosotros nos quedamos con sus dulces y melódicos planeos mecidos por la suave brisa primaveral y por sus acrobáticos intercambios de comida dentro de la pareja. En esta especie, sus machos lucen bellos y vivos colores para reclamar la posesión de sus territorios y para engatusar a las pardas hembras. Estas, algo mayores y encargadas de las tareas de la incubación y cuidado de los pollos, se ven obligadas a convertirse en cereal. Para esto, lucen unos discretos y pardos plumajes. Para evitar delatar al nido, los machos se dedican a las tareas de la aza. Ratones, pajarillos e insectos grandes integran su variedad dieta. Cuando, por fin, cazan una presa, se dirigen raudos y directos al nido. Sin embargo, no bajarán al mismo, sino que chillarán para que la hembra alce el vuelo y capture en el aire la presa lanzada por su compañero. Estos lances aéreos son las más espectaculares de todas las acrobacias aéreas de nuestras rapaces. ¡Todo un regalo para la vista!

Mucho más podríamos contaros sobre estas aves bellísimas. Simplemente recordaros la difícil situación que están pasando debido al cambio climático y a las modernas cosechadoras que arrasan sus nidos. Afortunadamente, en muchas provincias de España existen grupos de apasionados de las aves que se organizan para tratar de salvarlas.  Busca en tu provincia si existe una de estas asociaciones y únete a ellos en las Campañas Aguilucho. Y si no hay una asociación cerca, ¡lánzate y crea la tuya! Tu tiempo puede salvar la vida de muchas de estas aves bellísimas. ¡Animate!

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