El alcaudón meridional: un pájaro de película.

Relatos de la naturaleza

De todas las aves que tenemos la fortuna de poder ver en Europa, muy pocas tienen una vida tan de película coma la de los alcaudones.

Alcaudón meridional de Eduardo Carrasco.

La primera vez que supe de su existencia fue gracias a la película La Gran Evasión, una película que trascurría durante la Segunda Guerra Mundial en un campo de concentración alemán donde estaban “retenidos” prisioneros de los ejércitos aliados. En una de sus escenas, un prisionero mostraba a sus compañeros una pizarra donde estaba dibujado un alcaudón real y detallaba algunos rasgos de su aspecto. Este prisionero, por supuesto, era inglés, el país de los pajareros. Está escena de educación ambiental resultaba absolutamente chocante tratándose de un pavoroso campo de concentración.  Sin embargo, todo formaba parte de una trama que buscaba burlar a los soldados alemanes y distraerles del verdadero propósito de los prisioneros, poner en marcha un plan de fuga a gran escala, la gran evasión.  En esta escena, apenas pudo describir al alcaudón, pero me quedé, irremediablemente y definitivamente fascinado con su aspecto aguileño y, sobretodo, con el nombre que le había dado, el verdugo.

Este truculento nombre, nuestro protagonista se lo ha ganado a pulso. Observando el aspecto de un ave podemos conocer muchos aspectos de su vida: qué come, cómo consigue lo que come, si su vida transcurre en el suelo, en el agua, en un árbol, etc. Fijándonos en el alcaudón, llama la atención su pico de pequeña águila, curvo y afilado. Este pico le permite cazar y matar multitud de presas: ratones, insectos y numerosas aves. El problema surge cuando caza una presa grande y debe despedazarla para poder ingerirla. Para esta labor, las rapaces cuentan con fuertes garras que permiten asir la presa con fuerza para que su pico pueda diseccionarla. En el caso de nuestro protagonista, no es así. Sus patas, más bien finas, y sus garras, algo cortas, no tienen ni la fuerza ni la capacidad de agarre necesaria. ¿Cómo podrá tragar una presa que es incapaz de despedazar? Ante este problema, la Naturaleza vuelve a asombrarnos con su respuesta: los alcaudones han aprendido a empalar a sus presas en espinos, para fijarlas y poder despedazarlas. ¡El mismísimo Drácula de los pájaros!

Si esto nos resulta sorprendente, no es menos asombrosa su estrategia para cazar pájaros que, por supuesto, vuelan con destreza. Indudablemente, los alcaudones pueden maravillarnos por su bonito plumaje, pero no son, precisamente, los más diestros de los voladores. De hecho, se limitan a un vuelo rectilíneo, poco ducho para los giros de dirección y más bien lento. Entonces, ¿cómo pueden capturar pájaros que son mucho más veloces? Ante esto, de nuevo la inventiva de la Naturaleza, y de nuestro buen amigo, vuelven a dejarnos estupefactos. Sabiendo que la primavera la sangre altera, y que el amor nos ciega los sentidos, el alcaudón ha sabido aprovechar su oportunidad: si los machos de los paseriformes cantan sin descanso para atraer a las hembras, y éstas, no son capaces de resistirse a los encantos musicales de un galán, ¿qué pasaría si me escondo, me aprendo sus cantos y espero para capturarlos a que se acerquen cegados por el enfadado y el amor? ¡Dicho y hecho! Nuestro amigo se ha convertido en un extraordinario imitador de los cantos de las aves de su entorno. Con esta absolutamente deslumbrante estratagema plena de inteligencia y capacidad de adaptación a los rasgos específicos de su hábitat, uno tras otro, los pequeñas verdecillos, petirrojos, carboneros, herrerillos y muchos otros, van cayendo en su emboscada para, finalmente, quedar empalados en una espina de rosal o espino. ¿Tremendo, no?

alcaudón meridional de Eduardo Carrasco.

Desarrollándose la película en el centro de Europa, la especie no es otra que el alcaudón real En España, tenemos un primo casi idéntico, el alcaudón meridional, algo menor y de pecho más ocre, y que hasta hace pocos años no se describió como una especie diferente. Además de estas dos especies, ambas sedentarias y de mayor tamaño, en Europa tenemos la suerte de poder observar otros bellos alcaudones, el alcaudón común, el alcaudón dorsirrojo, el chico, etc. todos valientes y admirables migradores entre Europa y Africa.

Todos, migradores o no, sufren tremendamente con la desaparición debido a la contaminación, de los insectos que son fundamentales en su dieta, y con la tala de los zarzales, espinos y todo tipo de arbustos de copas cerradas y espinosas que necesitan para esconder y proteger sus nidos.

En nuestra mano esta la decisión de seguir teniendo el privilegio de contar con estas aves tan asombrosas ¿Cómo? respetando las lindes entre parcelas, plantando arbustos, reduciendo el uso de pesticidas o, mucho mejor, prohibiendo definitivamente su uso, etc

Ojala que el próximo año, el alcaudón meriodional no tenga que volver a ser candidato al funesto título de Ave del Año. Y si tiene que ser candidato a algo, que sea al de mejor actor por una película apasionante, su propia vida

2 comentarios en “El alcaudón meridional: un pájaro de película.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s