Descubre el mundo paseando por Salamanca, la ciudad que quiso tocar el cielo.

Relatos de la naturaleza

La ciudad de Salamanca ofrece mucho más que un conjunto histórico excepcional. Pasear por sus calles, plazas y parques nos permite realizar un fabuloso viaje de descubrimiento del mundo.

Comienza aquí una serie de entradas en las que os mostraremos cómo las ciudades pueden ser el mejor escenario para una aventura increíble a lo largo de la historia de la Humanidad y de la Tierra.

En esta primera entrada de Descubre el Mundo Paseando por la Ciudad de Salamanca, queremos acercarnos a uno de los tesoros más impresionantes de nuestra ciudad, la torre de su Catedral Nueva. Nada menos que 110 metros de espiga dorada que parece querer acariciar el cielo. Esta joya de la arquitectura gótica es capaz de impresionar a cualquiera que tenga el placer de acercarse hasta los pies de su colosal mole. Observando la monumentalidad de esta torre, asombra pensar en la sabiduría acumulada y transmitida por tantas generaciones de arquitectos y que ha permitido que haya podido sobrevivir con lozanía a tantos siglos de larga vida, incendios, abandonos y hasta un terrorífico terremoto que devastó Lisboa en 1755 y cuyas vibraciones mortales apunto estuvieron de arruinarla para siempre.

Como amantes de la Naturaleza, al mirar la altura asombrosa de esta torre no podemos evitar acordamos de otras torres imponentes que crecen en la naturaleza, los árboles. Cuesta creer que la naturaleza pueda ser capaz de igualar, cuando no superar, la genialidad de los arquitectos e ingenieros humanos. Pero es así. En muchos rincones del mundo crecen aún muchas otras catedrales, y éstas están vivas. De todas ellas, las más apabullantes y sobrecogedoras son las secuoyas, árboles míticos que superan los 100 metros de altura y que crecen en las lejanas e inesperadamente húmedas tierras de la costa norte y las montañas de California. Entre todos esos árboles mágicos destaca uno, Hyperion (no es el de la fotografía), majestuoso como uno de los 12 titanes de la legendaria Edad de Oro de la mitología griega, y que nada tiene que envidiar a nuestra torre, ya que alcanza la mareante altura de ¡116 metros! ¿Cómo es posible? ¿Un árbol más alto que nuestra torre? ¿Cómo puede soportar tantos cientos de toneladas de peso y no colapsar sobre sí mismo? Cuesta creerlo, pero es así.

Sin poder dar crédito a este récord de auténtico rascacielos moderno, volvemos a acercamos hasta nuestra torre para, nuevamente, mirar asombrados hacia arriba y no poder hacer otra cosa más que rendirnos ante la maravilla de la naturaleza.

Al igual que la torre de la Catedral Nueva se construyó y se apoyó sobre la torre de las campanas de la Catedral Vieja, Hyperión también creció apoyado sobre otros gigantes, que antes que él, crearon el suelo, lo nutrieron y ahora son parte de cada una de sus células.

Más de 2000 años después, luce en su corteza las mismas cicatrices que nuestra torre salmantina, superando los muchos terremotos, incendios y olvidos de la convulsa California. Más de 20 siglos después, Hyperión, como nuestra torre, siguen sosteniendo el cielo del mundo.

Síguenos en nuestro viaje por Salamanca, y el mundo, y podrás conocer y asombrarte con todas las joyas de la naturaleza y de la Humanidad que se encuentran en un paseo por nuestra ciudad.

Sí te apetece descubrir la naturaleza qué esconde el Huerto de Calixto y Melibea, el jardín de la Merced y la Plaza Anaya, os esperamos los sábados (mañana y tarde) y los domingos.

Reservas e información en http://www.salamancaymas.es

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