Las aves y las mal llamadas malas hierbas.

Solares, descampados, rastrojeras, lindes, cunetas…A nuestros ojos no parecen mucho, ni siquiera tienen el aspecto verde, geométrico y ajardinado que tanto nos gusta y que creemos que deben tener nuestras ciudades y campos. Solamente, vemos en ellos un refugio de malas hierbas que afean el paisaje y que debemos eliminar a toda costa.

Pero para millones de pajaritos, estos espacios “descuidados” y foco de malas hierbas, les ofrecen todo lo que necesitan para sobrevivir. En ellos encuentran las semillas, que son la base de su dieta a lo largo de todo el año, y los insectos que les proporcionan las proteínas que requieren sus polluelos para crecer. En sus marañas de cardos, rosales y enredaderas esconden seguros sus nidos y se cobijan para pasar protegidos las duras noche de hielo del invierno.

La próxima que nos sintamos tentados de quemar o arrancar estas “malas hierbas”, acordémonos de cuánto bien hacen para nuestras aves y para incontables insectos polinizadores como las abejas o las mariposas. Los bellísimos verderones, verdecillos, jilgueros, pardillos y un largo etcétera de pequeños pajarillos, nos lo agradecerán con sus alegres cantos y plumajes.

Nos vemos allí donde aún se sepa cuidar de todas las formas de vida.

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