Compañeros de planeta, el buitre leonado.

El buitre leonado (Gyps fulvus) es un ave estrictamente carroñera y sumamente abundante y sencilla de identificar. De hábitos rupícolas y coloniales sus lugares de nidificación destacan a gran distancia por la maciza silueta de sus ocupantes, que recuerda a la de pequeños planeadores, y por las llamativas manchas blancas de sus blancuzcos excrementos.

Aprovechando los fuertes vientos ascendentes de las corrientes térmicas generadas por el calor del sol, son capaces de desplazarse varios cientos de kilómetros en una sola jornada, siendo el momento idóneo para sorprenderlos cruzando altísimos sobre nuestras ciudades y pueblos. Si en sus prospecciones son sorprendidos por la caída de la tarde y la desaparición de las térmicas, buscarán árboles altos para pasar la noche formando pequeños dormideros comunales juntos a otros buitres. Será entonces cuando podamos descubrir al amanecer a un pequeño grupo de buitres encaramados a la copa de encinas o pinos solitarios en medio de las llanuras.

Su llamativa abundancia en algunas regiones, sólo puede explicarse por la profunda alteración que ha sufrido el ecosistema debido a la acción del ser humano. Hasta la aparición de la ganadería (realmente, hace un instante, si tenemos en cuenta que los buitres llevan millones de años sobre la tierra) las aves carroñeras basaban su alimentación en los restos dejados por las cacerías de los lobos y en todos los animales que perecían de forma natural, ya sea por enfermedad, sequía, hambre, inviernos muy crudos, accidentes o muertes en el parto, etc. El exterminio del lobo en la inmensa mayor parte de su área de distribución original y la sustitución de sus presas silvestres por especies domésticas (vacas, ovejas, cerdos, etc) que han copado, en abrumadoras cantidades, hasta el último rincón de la mayor parte del país, explican la estrecha dependencia del buitre y otras aves carroñeras (alimoches, milanos, etc) de las actividades humanas.

El veneno, que se sigue utilizando para matar a cualquier animal que ose comer (¡¡lo mismo que llevan haciendo millones de años!!) ha llevado a la desaparición de muchas de las aves carroñeras de nuestro país. Milanos reales, alimoches o águilas imperiales se encuentran en serio peligro de extinción debida a esta arraigada creencia de que el ser humano es el único con derecho a la caza o a los pastos.

Ojalá que las nuevas generaciones de cazadores, ganaderos y cualquier otro ciudadano, entiendan que todos los animales cumplen su función en su entorno y que todos son necesarios en el funcionamiento y salud de los paisajes.

Anuncio publicitario

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s