Las aves son portadoras de buenas noticias

Como en El Hobbit las aves regresaban a la Montaña Solitaria como augurio del fin de los días de exilio, en Europa ya estamos dando la bienvenida a las aves viajeras que regresa desde África.

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Asómate a la ventana para ver llegar a los milanos negros, a las culebreras, a las águilas calzadas y a tantas otras, y a todas las aves que siempre han estado a nuestro alrededor: buitres, cuervos, cernícalos…

Que las aves sean portadoras de las mejores noticias.

📷 Miguel Rouco.
📷 Eduardo Carrasco.

#NosQuedamosEnCasa.
#AvesdelBalcón

Aves desde el balcón.

Desde nuestra ventana este majestuoso buitre leonado nos ha deleitado con su presencia. Nos ha hecho sentir como sí estuviéramos en plena naturaleza.

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¿Qué aves observáis desde vuestra ventana?🔭🐦

📷 de AQUILA Naturaleza.

¡Nos quedamos en casa!

El lloro lúgubre que heló la sangre de las gentes del campo.

Uno de los mayores placeres de la Naturaleza es, indudablemente, deleitarse con sus mil canciones: el viento susurrando entre los árboles o gimiendo entre las afiladas cumbres, el arrullo a veces tranquilo y otras veces atronador de los arroyos y, por supuesto, el dulce trino de los pájaros. Sin embargo, no todos los cantos de las aves han despertado las mismas agradables sensaciones.

Para la gente que vive y trabaja en los pueblos o en pleno campo, su jornada de trabajo, muchas veces, comienza y concluye sin disponer de luz solar. Para los que tienen la fortuna de trabajar en las cercanías de los pueblos, el resplandor de las farolas modernas o de las candelas de gas o aceite de sus abuelos, ha servido y sirve para facilitar su dura faena. Sin embargo, para aquellos que deben alejarse más de las viviendas, la noche puede ser hogar de muchas sorpresas y más de un susto. ¿Qué sustos pueden esconderse entre las sombras de la noche? ¡Muchos!. De todos ellos, hay uno que ha provocado no pocos sobresaltos y aspavientos hasta no hace tanto tiempo. Durante las horas de mayor oscuridad y desde lo más profundo del bosque, brota durante la mayor parte del año un lamento lúgubre y penetrante que ha helado la sangre de muchos hombres y mujeres de campo. Las más de las veces, es un lastimero uuuuuu empapado en pena, otras, es un lloro trémulo y desgarrador, y a veces, es un maullido agónico. ¿Qué o quién puede ser el autor de semejante repertorio de quejidos, lloros y chillidos que tantos respingos y carreras precipitadas ha provocado?

¡El cárabo es nuestro amigo misterioso! Esta rapaz nocturna, con plumas del color de la corteza de los árboles, de cuerpo rechoncho, cuellicorta, de abultada cabezota redondeada y que no llega al medio kilo de peso, es el responsable de todo este rico coro de llamadas inquietantes. Protagonista de leyendas y cuentos donde presagiaba malos augurios, para nosotros es uno de los cantos más sobrecogedores, hermosos y auténticos de la Naturaleza, la voz del bosque puro.

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Cárabo. Fotografía de Eduardo Carrasco

Amante de las espesuras forestales y cazador insuperable de roedores, es un fiel aliado de los mismos hortelanos a los que más de un susto ha dado. Su vuelo mudo y su finísimo oído le convierten en un habilísimo depredador de ratas, ratones, topillos y, más rara vez, de pájaros que sorprende durmiendo e, incluso, de alguna rana y lagartija despistadas.

Por último, tened en cuenta un dato curioso y de vital importancia para su supervivencia. El cárabo, como el resto de las rapaces nocturnas, confía plenamente en su plumaje impecablemente críptico. Hasta tal punto tienen fe en su capacidad para fundirse con el entorno, que sus polluelos, mucho antes de saber volar, se lanzan al suelo sin miedo a ser sorprendidos por sus no pocos depredadores. Si un zorro, una garduña o un paseante cruzarán en ese momento por allí, los pequeños buhitos cerrarían los ojos para convertirse, como por arte de magia, en broza, ramas secas y en la copia más fiel de los matorrales. Nadia diría que una familia de indefensas y rechonchas rapaces se encuentra al alcance de nuestra mano. Si por un casual, llegáramos a descubrirlos, no deberemos creer que están abandonados. Probablemente, sus padres estarán vigilando atentamente la escena y bajarán a cebarlos en cuanto sientan que ya nos hemos alejado a una distancia prudencial. Solamente, si un perro, un gato o un paseante con peores intenciones, pudiera ponerlos en riesgo, será entonces cuando deberemos intervenir para cogerlos y tratar de subirlos hasta una rama segura. Si esto no fuera posible, entonces es cuando deberemos llevarlos al hospital de fauna silvestre más cercano. Allí los alimentarán hasta que puedan volar solos y puedan ser liberarlos donde fueron recogidos.

En la próxima ocasión que la noche te alcance en el campo, ¡escucha!. Olvídate del miedo y adéntrate por las callejas y los claros del bosque. La oscuridad te regalará no pocas sorpresas, aromas y experiencias con todas sus criaturas.

¡Nos quedamos en casa!

¡Madres coraje!

En la Naturaleza no hay nada que una madre no esté dispuesta a hacer por sus hijos. Sin importar si son especies grandes o pequeñas, dotadas o no de “armas”, las hembras de la Naturaleza se enfrentan cada día a incontables dificultades para ofrecer, todo lo que dependa de ellas, para que sus familias salgan adelante. Para lograr este colosal propósito hay todo tipo de estrategias: algunas cargan durante semanas o meses con sus crías y durante varias semanas o meses más les educarán pacientemente en todas las habilidades necesarias para su supervivencia; otras llevan su carga durante menos días, pero luego dedicarán semanas o meses enteros para asegurarse que serán capaces de aprender todo lo necesario para la vida independiente; y otras, menos entregadas a la exigente maternidad, se limitan, ¡que no es poco!, a buscar un lugar seguro para enterrar sus huevos o para parir a sus crías vivas, y luego, que cada una se busque la vida como la Naturaleza buenamente haya decidido.

Las ánades reales o azulonas, valientes madres solteras, pertenecen al segundo grupo. Siendo aves perfectamente adaptadas y condicionadas a una vida acuática, son conscientes de que reproducirse en una charca o ribera puede conllevar poner una diana sobre sus crías. De este modo, y buscando un lugar con menos vecinos peligrosos, eligen otros espacios supuestamente más seguros: campos de cereal, zarzales y, como muchos han comprobado, piscinas, fuentes urbanas y hasta garajes. Allí donde pueda haber refugio, allí acudirán estas madres para incubar sus 10 o 12 huevos. Pero, y si allí no hay comida ¿con qué alimentará a su numerosa familia? ¡Sencillo y arriesgado!: una vez que eclosionen, y con apenas unas horas de vida, toda la familia unida emprenderá una azarosa travesía hasta donde pueda haber sustento y cobijo. Será entonces cuando podamos sorprendernos con una “fila” de minúsculos patitos cruzando carreteras, campos abiertos y hasta calles de nuestras ciudades.

Azulona con patitos
Fotografía de Eduardo Carrasco

Para fortuna de las aves nidífugas, sus polluelos son capaces desde el primer día de caminar y alimentarse por su cuenta. Sus dedicadas madres “simplemente” deben asegurarse de encontrar un escondite seguro para los días de incubación y, luego, conducirlos hasta un humedal donde puedan alimentarse. Una vez allí, les enseñarán qué se puede comer, a qué compañeros de charca deberán evitar y cómo y dónde deberán esconderse cuando una sombra furtiva cruce el cielo. Por suerte, nuevamente, la Naturaleza ha previsto todo y ha dotado a los, supuestamente indefensos patitos, de la información innata absolutamente indispensable para sobrevivir incluso si se quedarán huérfanos o se separaran del grupo. Para muchos animales, la escuela ya viene de serie. ¡Puro asombro!

La próxima vez que te encuentres con unos patitos en tu piscina, procura darles cuantos días puedas para que puedan fortalecerse y aprender junto a sus madres. Cuando necesites vaciar la piscina, procura capturar juntos a todos los pollitos y llevarlos hasta un lugar seguro donde la madre pueda seguirte. Y si la familia corre peligro por la presencia de gatos, perros sueltos o humanos poco sensibles, captura a los polluelos y llévalos todos juntos hasta un río o laguna cercana que disponga de vegetación donde esconderse y alimentarse y cerciórate que no haya perros o gatos que puedan depredarlos. Es un pequeño esfuerzo que todas las madres se merecen.

 

Maravillas desde mi ventana: Venus.

En estos días de necesario confinamiento, no tenemos por qué renunciar a disfrutar de los muchos tesoros de la Naturaleza.

Cada anochecer, incluso antes de la puesta definitiva del Sol, se asoma a nuestra ventana un espectáculo fascinante. Como si se tratara de un potente faro que cruza tímidamente el cielo, el planeta Venus brilla luminoso sobre el cielo occidental. Siguiendo de cerca los pasos del Sol (en otros meses del año se anticipa a su salida matutina), recorre el cielo sin parpadear, como sí lo hacen las estrellas.

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Venus. La imagen tiene licencia bajo por Jeffrey Beall.

Cuando esta noche el giro diario de nuestro planeta oculte al astro rey por el oeste, y su potente luz quede eclipsada durante unas horas, será en ese momento cuando Venus, la Estrella de la Tarde, podrá finalmente destellar con fuerza reflejando la poderosa luz del Sol.

Esta tarde, con las últimas luces del día, asómate a la ventana mirando hacia donde el Sol se pone y podrás descubrir a este bello y luminoso lucero.

¡Todo un espectáculo!