Uno de los últimos árboles sabios de las plazas de los pueblos de Salamanca.

Olmo
Olmo en la plaza del pueblo de Herguijuela de la Sierra (Salamanca).

El ser humano siempre ha sentido la necesidad de buscar consejo. Intencionadamente, esta búsqueda nos ha llevado a encontrar en la Naturaleza que nos rodea, una guía y una ayuda certera para nuestra vida.

De todos los seres vivos en los que hemos sabido encontrar la mano cálida y sabia de la Naturaleza, han sido los árboles en los que más hemos depositado nuestra sincera confianza. Encinas, robles, morales, cipreses, tejos, etc. En todos ellos sentimos una energía especial. De todos estos árboles sabios, probablemente, han sido los olmos los que han ocupado, con más frecuencia, un lugar de privilegio y reconocimiento en nuestras comunidades. Muy conscientemente, los hemos situado en el corazón de la vida de nuestros pueblos para sentirlos, aún más cerca, como si quisiéramos que la sombra de su copa inmensa protegiera nuestro hogar y guiara nuestros pasos.

Desde tiempos inmemorables, los olmos han sido fieles testigos de la vida y muerte de nuestros pueblos y de sus habitantes pasajeros. A nuestros ojos, curiosos e impacientes, siempre se mostraron eternos, inmutables, vencedores del paso de los siglos que mudó reyes y nobles, palacios y castillos, nombres de calles, pueblos y países.

Muy tristemente, los olmos viejos de Castilla y de Machado, ya no volverán a ser hendidos por el rayo. La peste insensible de la grafiosis ha devorado las hermosísimas y monumentales olmedas, arruinando, definitivamente, esta ancestral comunión entre el ser humano y su Naturaleza maternal.

Sin embargo, aún hoy, tenemos la suerte inmensa de regocijarnos con la silueta de algunos de estos gigantes sabios. Éste que presentamos, uno de los últimos grandes olmos de los pueblos de Salamanca, se mantiene erguido y orgulloso en el corazón de la Sierra de Francia, atrayendo a los habitantes que aún sienten la magia poderosa de su presencia y se acercan a la vera de su sombra fresca y benefactora.

Deseando, nosotros también, que otro milagro de la primavera nos vuelva a asombrar con sus ramas reverdecidas, te esperamos para salir al campo y encontrarnos con estos preciados supervivientes de los bosques ibéricos.

Ponte en contacto con nosotros y cuéntanos cuál de todos los bosques mágicos de Salamanca te apetece conocer.

Nos vemos en el campo.

La Milana Bonita lucha por seguir volando.

Con el calor intenso de este verano son muchas las aves jóvenes que se están tirando antes de tiempo de unos nidos que se han convertido en insufribles hornos. Sin poder volar aún y rodeados de peligros, perros, gatos y no pocos seres humanos desalmados, necesitan nuestra ayuda más que nunca. Si en tus paseos, ya sea por la ciudad o por el campo, encuentras un animal que pueda requerir ayuda (por no poder volar, estar en peligro de atropello o agresión humana, mostrar heridas visibles o un comportamiento que te pueda hacer pensar que ha sufrido un golpe, envenenamiento o desnutrición) ponte en contacto con el hospital de fauna de tu provincia. Ellos te aconsejarán cómo puedes actuar para darles una nueva oportunidad.

Para fortuna de este polluelo de grajilla, dos voluntarios del Hospital de Fauna Silvestres de Las Dunas (Salamanca) llegaron a tiempo. La grajilla, también conocida por ser la Milana Bonita de Azarias y Los Santos Inocentes, quiere seguir llenando los cielos de nuestras de urbes y cañones con su “quíaa” rotundo. Sus bandos escandalosos y su silueta oscura son parte de la personalidad de nuestros pueblos y ciudades. Como un amante de la ciudad que se resiste a abandonarla, las grajillas luchan por seguir volando entre torres y gárgolas como lo que realmente es, un habitante insustituible y orgulloso de nuestros cascos históricos que no nos podemos permitir perder.

Los burros…

…Han sido durante miles de años unos aliados insustituibles del ser humano. Los esforzados hombres y mujeres del campo se sirvieron de su titánica fuerza y resistencia para labrar los recios campos (aunque sea a través de sus descendientes, las mulas) que alimentaron a incontables generaciones de habitantes de pueblos y ciudades. A sus espaldas cargaron las pesadas yuntas que permitieron arar hasta las más duras tierras; fueron compañeros fieles de mil días y noches de soledad de nuestros pastores; transportaron las pesadas piedras, con las que se levantaron casas, corrales y muros, y todos los productos de las mil labores agrícolas: cosechas enteras hasta los mercados, herramientas de todo tipo, carbón vegetal y leña para los hogares, enfermos impedidos y hasta maestros para los niños de las aldeas y fincas más alejadas.

También los olvidadizos ciudadanos de las urbes de mayor tamaño deben mucho a estos animales y a los que, con más o menos mimo, los han empleado en todo tipo de labores. No ha habido industria por muy avanzada que haya podido parecer que no haya requerido del transporte de las herramientas, combustibles vegetales y minerales y, por supuesto, de la comida que ha salido de nuestros entornos rurales.

Hoy en día quedan muy pocos burros. La mayoría son ancianos y pasan sus últimos días entre el descanso y el abandono. Mucho debemos a estos animales bellísimos e inteligentes como pocos. Ojalá que aún se puedan salvar todas las razas que han ido surgiendo a lo largo de siglos de cría y adaptación a los más variados climas y paisajes y que son parte insustituible de nuestro patrimonio natural y humano.

La estación de las crías (y adultos) que necesitan nuestra ayuda.

 

La primavera es la estación del año en la que hay más crías de animales en nuestros campos y ciudades. Muchos tendrán la suerte de salir adelante sin mayores contratiempos juntos a sus padres. Sin embargo, cada año son incontables las que necesitarán nuestra ayuda después de caerse del nido o de golpearse al intentar sus primeros vuelos. En este caso, nuestra intervención puede significar que estos animales tengan una segunda oportunidad.

Como norma general ante un animal herido o desvalido:
1. Llamad a los agentes medioambientales o al SEPRONA (Servicio de Protección de Naturaleza de la Guardia Civil) al 062 de vuestra provincia. Ellos lo trasladarán al hospital de fauna más cercano.
2. Y si tenéis la suerte de vivir en una provincia o ciudad que cuente con un centro de recuperación de fauna silvestre, llamadles y ellos os indicarán directamente que tenéis qué hacer para ayudar al animal.

Será una llamada que puede salvar una vida.