El bosque generoso.

Un año más, la Naturaleza vuelve a obrar su particular milagro de los panes y los peces. En medio de una de las más intensas sequías de los últimos años, con lluvia escasa y dispersa en meses y con unas temperaturas, extraordinariamente altas para las fechas, nuestros campos vuelven a cubrirse de los frutos que significaron y siguen significando la vida para incontables generaciones de seres humanos y, naturalmente, para toda nuestra fauna durante los próximos meses. Bellotas, nueces, almendras, espinos, rosales, endrinos, saúcos, moras, parras, higueras…cubren de color y alimento un paisaje agostado, pero que sigue bullendo de vida. Una bella llamada de esperanza en tiempos convulsos.

Nos vemos en el campo.

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La más bella de las puertas hacia la primavera.

En este comienzo del otoño nos encontramos en la fase final del gran paso migratorio posnupcial, aquel que impulsa a millones y millones de aves a abandonar sus áreas de reproducción en Europa, para dirigirse hacia sus cuarteles de invernada en África y la cuenca del mediterráneo. A lo largo de todo el final del verano han sido incontables los pájaros que han sobrevolado nuestras ciudades y pueblos y nos han regalado su presencia en nuestros campos. Todos están acometiendo un esfuerzo titánico, una apuesta arriesgada que tolera pocos errores.

En su camino se han enfrentado a desafíos colosales: mares, desiertos, montañas. Siempre que han tenido que enfrentarse ante cualquier obstáculo, han buscado aquellos caminos que les permitan salvar estas dificultades con el menor gasto posible de energía. Ante la inmensidad del mar, buscan estrechos como el de Gibraltar y el del Bósforo; ante los desiertos inertes, previamente se habrán alimentado para hacer acopio de toda la energía que pueda almacenar sus menudos cuerpos; y ante las montañas altísimas, buscarán collados y valles que les evite tener que ascender las mayores alturas. Uno de esos pasos francos entre montañas es el valle del río Alagón, entre las provincias de Salamanca y Cáceres. Este camino natural para aves y gentes, es, sin duda alguna, una de las puertas más bellas hacia la primavera de todo el Sistema Central. Las aguas irregulares de las sierras del sur de Salamanca han labrado con paciencia un meandro mágico que nos regala un balcón incomparable para disfrutar del fenómeno de las migraciones.

Desde este Meandro Melero queremos despedir a las valientes aves en sus viajes colosales. Nada más apropiado para celebrar la fiesta del Día Mundial de las Aves que acudir a este paisaje deslumbrante para dar un último “hasta pronto y buena suerte” a nuestras buenas amigas hasta la llegada de la próxima primavera.

Si te apetece acompañarnos en esta despedida, ponte en contacto con nosotros y te llevaremos a los mejores rincones para disfrutar de esta fiesta de la Naturaleza.

Nos vemos en el campo.

La migración de las aves sobre nuestras ciudades.

Las aves (y las personas) viven en una permanente búsqueda de alimento y refugio. Esta necesidad perentoria lleva a muchas de ellas a realizar enormes desplazamientos migratorios. Una de esas especies es la codorniz (Coturnix coturnix) que al final del verano abandona Europa camino de sus tierras de invernada en África. Para evitar la presión de los depredadores durante estos largos viajes, las codornices han “escogido” migrar durante la noche buscando el amparo de la oscuridad frente a sus cazadores naturales, fundamentalmente, rapaces diurnas. Para su desgracia, al cruzar sobre las ciudades, su estrategia queda desbaratada debido a la enorme cantidad de luz artificial que convierte las noches urbanas en un nuevo y delator día. Esta circunstancia es aprovechada, inteligentemente, por la familia de halcones peregrinos (Falco peregrinus) que nidifica en la torre de la Catedral de Salamanca desde hace unos 15 años.

Ninguna prueba más evidente del comienzo del paso migratorio de las codornices sobre nuestra ciudad, que la aparición de cuerpos depredados a los pies de los posaderos de los halcones en la torre altísima de la catedral. Este sábado, apareció la primera que observamos este año. En este caso, decapitada. Aunque pueda parecer una pérdida innecesaria de alimento no haber consumido los poderosos músculos pectorales (hasta el 35% del peso de muchas aves), la verdad es que el cerebro atesora aceites de enorme valor nutritivo y son una auténtica “exquisitez” muy deseada por incontables depredadores. Pero como en la Naturaleza nada se pierde, gatos monteses, garduñas, ginetas, zorros, lobos u hormigas no dudarán en aprovechar el regalo de la más veloz de las rapaces. Lamentablemente, en esta ubicación urbana, toda esta energía se perderá en el cubo de la basura del primer barrendero.

En cualquier caso y, aunque lamentemos la muerte de un ave tan valiente y tan acosada, no es menos cierto que el espectáculo diario, realmente nocturno, que los halcones nos brindan al salir proyectados desde la torre y perderse velocísimos en la noche en pos de presas que se escapan a nuestra vista, resulta uno de los espectáculos naturales más sobrecogedores de la vida silvestre mundial.

¡Pura vida!

Uno de los problemas ambientales más preocupantes de todo el mundo es el uso masivo de plásticos.

Su producción resulta muy contaminante y, su reciclaje, no es mucho menos costoso y problemático. En la naturaleza harían falta siglos para su degradación y, durante todo ese largo tiempo, seguirán contaminando las aguas y el suelo donde se encuentren.

Por todo esto, urge reducir el consumo de plásticos. Una alternativa extraordinaria y completamente libre de costes, es recurrir a la tradicional costumbre de usar nuestros propios recipientes y bolsas cada vez que vayamos a la compra. No hace tanto tiempo que muchos de los productos de la compra doméstica se transportaban en bolsas de tela o de plástico, con muchos, muchos usos, o en tarros de cristal.

La creciente concienciación de una parte de la sociedad está posibilitando que surjan iniciativas como ésta: ¡¡volver a comprar a granel y usando nuestros propios envases!!

Ojalá que iniciativas como ésta se vayan extendiendo por todo el mundo y que cada día más consumidores se decidan a apoyarlas.

Sencillas “intervenciones” en pilones para evitar el ahogamiento de fauna.

Con el final del verano encontrar agua en el campo está resultando una tarea agotadora para nuestra fauna silvestre. En muchas ocasiones, los únicos puntos con agua son las fuentes y los pilones. Fatalmente, muchos de ellos se están convirtiendo en trampas mortales porque el nivel del agua se encuentra bajo y sus orillas son verticales y sin apoyos para permitir que puedan salir después de beber y refrescarse o, simplemente, por que al desplazarse caen en ellos.

Fijar posaderos, como ramas en las orillas o piedras que sobresalgan de la superficie, pueden permitir a los anfibios, reptiles y pequeños mamíferos escapar de esta trampa mortal y que muchas aves puedan alcanzar el agua del fondo para beber con seguridad. Igualmente salvador será buscar una rama para que quede flotando y pueda servir a los insectos para salir del agua, secarse, descansar y emprender el vuelo (los que vuelen)

En todo momento, deberemos asegurarnos que nuestra intervención no obstruya el desagüe, ni impida a las personas y animales domésticos beber y, si se trata de una propiedad privada, solicitar permiso.

Son pequeñas actuaciones que salvarían incontables miles (¡¡millones!!) de vidas de animales sedientos y debilitados por el calor de unos veranos que parecen no tener fin.

Nos vemos en el campo.