El arrendajo: el mejor amigo del bosque

Arrendajo común (Garrulus Glandarius) Autor; Ferrán Pestaña bajo licencia Creative Commons
Arrendajo común (Garrulus Glandarius) Autor; Ferrán Pestaña bajo licencia Creative Commons

El arrendajo es un bonito córvido de mediano tamaño, sumamente vocinglero y familiar. Habitante habitual de todo tipo de bosques, resulta mucho más abundante en formaciones caducifolias como los robledales y los castañares. Su alimentación es generalista y no despreciará nada que se pueda o deje comer.

Cuando entras en un bosque con todo el cuidado del mundo, tratando de no llamar la atención y pensando en sorprender a los animalillos que allí se esconden, el arrendajo será el primero en delatar tu presencia por todos los rincones del monte con sus agrios gritos. Todo el mundo sabrá ya que hay un posible peligro en las cercanías.

Al final del verano y al comienzo del otoño, los árboles producen ingentes cantidades de frutos que serán la esperanza de los futuros bosques y el alimento de incontables granívoros y oportunistas (roedores, jabalíes, palomas, córvidos, etc)

Previendo la escasez de comida del invierno, el arrendajo y otros animalillos, como el lirón y los ratones, esconden estas semillas en despensas repartidas aquí y allá y que serán su salvación durante los largos meses de escasez. En el caso del arrendajo, elige los árboles con mayor cantidad de semillas (los mejores genéticamente) y, de una en una, las entierra con un certero picotazo por todos los rincones del bosque y, muy especialmente, en claros y lindes de la floresta. Al llegar el frío, irá recordando dónde las ha enterrado para alimentarse de ellas. Afortunadamente, para encinas, quejigos, robles y castaño, y para todos los habitantes del bosque, algunos de estos frutos quedan olvidados, y con un poco de suerte, y si nadie más los descubre, darán lugar a los futuros árboles que ofrecerán el refugio y la comida a la práctica totalidad de sus compañeros forestales.

En estos días de finales de octubre y primeros de noviembre, los castañares dejan caer sus últimos frutos y será un buen momento para sorprender el ir y venir de los arrendajos recolectando y enterrando su comida del invierno y, ojalá, a los nuevos gigantes con su sombra, su comida, sus oquedades para la jineta y el cárabo, sus ramas protectoras para los nidos del azor, su agua para los arroyos, su cuidado del suelo, su color otoñal, su frescor primaveral, sus exquisitas castañas…

Pocas aves en el mundo son tan importantes para la conservación y recuperación de nuestros bosques.

Un saludo y nos vemos en el campo.
Aquila Naturaleza.

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La impunidad que debe terminar.

En pleno siglo XXI nuestros campos siguen sufriendo el acoso y el odio de los que creen que sólo la especie humana tiene derecho a ocupar el espacio, a la comida e, incluso, a existir.

Para todos aquellos que siguen envenenando a nuestra fauna, ríos y tierra esta sentencia debería ser un serio aviso.

La convivencia es necesaria y posible entre el ser humano y el resto de las hermosas criaturas que nos acompañan en la fantástica aventura de la vida.

Aquila Naturaleza.

http://www.eldiario.es/…/Condena-prision-envenenar-proposit…

Pequeños y preciosos visitantes invernales desde el norte de Europa.

Lavandera blanca (Motacilla Alba) fotografía de Miguel Rouco.
Lavandera blanca (Motacilla Alba) fotografía de Miguel Rouco.
Lavandera Enlutada (Motacilla Alba, subespecie yarrellii) Fotografía Miguel Rouco.
Lavandera Enlutada (Motacilla Alba, subespecie yarrellii) Fotografía Miguel Rouco

El otoño ha llegado definitivamente. Con él han regresado las lluvias, los días grises, el viento alborotado y húmedo y, por supuesto, las aves.

Anticipándose a los días más crudos del invierno, que aún está por llegar, una avanzadilla de multitud de pequeñas aves llegan al sur de Europa huyendo del frío que congelará el suelo y el agua, impidiéndoles poder acceder al alimento.

Uno de esos pajarillos, que alegrará nuestros campos durante estos meses algo tristes y heladores, es la lavandera enlutada (Motacilla alba subespecie yarrellii) que, en realidad, es la subespecie de las islas británicas de la más familiar lavandera blanca.

Como su propio nombre indica, estos ejemplares son claramente más oscuros que nuestras grises aves. Si las lavanderas blancas ibéricas y europeas tienen una espalda de una tonalidad gris brillante, la enlutada, tiene un manto color tizón que se extiende a las alas y zonas cercanas al cuerpo.

Cualquier parque, descampado y calle de nuestras ciudades y pueblos le sirve para buscar los insectos con los que afrontar los duros meses del “suave” invierno español.

Su aspecto blanquinegro, su corretear nervioso y el movimiento incansable del balancín de su cola, que tanto recuerda a las antiguas lavanderas que bajaban a los ríos a hacer la colada, antes de la invención de la bendita lavadora, la convierten en una ave muy popular y sencilla de reconocer.

Otra más de las pequeñas maravillas que podemos disfrutar por nuestras calles.

Un saludo y nos vemos en el campo.
Aquila Naturaleza.

El árbol según Rabindranath Tagore.

(Fotografía de una de las secuoyas hermosísimas del jardín renacentista de El Bosque en Béjar, Salamanca)
(Fotografía de una de las secuoyas hermosísimas del jardín renacentista de El Bosque en Béjar, Salamanca)

Con sus 35 metros de altura es uno de los árboles más imponentes y hermosos de la provincia de Salamanca. Apenas 144 años de vida para una especie que puede superar los 3000. Un cachorro apenas.

“Viajero, escucha:
Yo soy la tabla de tu cuna, la madera de tu barca, la superficie de tu mesa, la puerta de tu casa.
Yo soy el mango de tu herramienta, el bastón de tu vejez. Yo soy el fruto que te regala y te nutre, la sombra bienhechora que te cobija contra los ardores del estío, el refugio amable de los pájaros que alegran con su canto tus horas, y limpian de insectos tus campos.
Yo soy la hermosura del paisaje, el encanto de la huerta, la señal de la montaña, el lindero del camino…
Yo soy la leña que te calienta en los días de invierno, el perfume que te regala y embalsama el aire a todas horas, la salud de tu cuerpo y la alegría de tu alma…
Por último, soy la madera de tu ataúd.
Por todo esto, viajero que me contemplas, tú que me plantaste con tu mano y puedes llamarme hijo, o que me has contemplado tantas veces… ¡Mírame bien!, pero no me hagas daño…”

Nos vemos en el campo.
Aquila Naturaleza.

El martín pescador (Alcedo atthis) es una de las aves más hermosas de Europa.

Su plumaje reluciente le convierte en una pequeña esmeralda. Muy desconocido para los no aficionados a las aves, resulta gratamente sencillo de observar en la mayor parte de nuestros ríos. Sumamente adaptable, es capaz de soportar la presencia humana y la contaminación, siempre que disponga de pequeños peces y alevines para alimentarse.

Todo su cuerpo es un efectivo arpón que destella con el sol rojizo del otoño. Asomarse a las orillas de ríos y lagunas permitirá avistarle cruzando velocísimo. Con un poco de más paciencia, podremos sorprenderle encaramado a sus habituales perchas de pesca. El espectáculo de sus zambullidas merecerá la espera.

Aprovechad a disfrutar de este otoño de luz. Coged vuestros prismáticos y salid a pasear por los parques y riberas de vuestras ciudades o pueblos. Hay aves hermosísimas a un paso de nuestras casas.

Un saludo y nos vemos en el campo.
Aquila Naturaleza.

https://www.youtube.com/watch?v=ybp641h3Mwg

Las aves son los mejores amigos del bosque

Serbal de cazadores (Sorbus aucuparia)

 

Curruca capirotada (Sylvia atricapilla): Darren Bellerby (bajo licencia Creative Commons)

 

 

 

 

 

 

 

Con la llegada del otoño los campos se llenan de frutos, los “hijos” de las plantas y el futuro de nuestros bosques. La bajada de las temperaturas y las primeras lluvias del final del verano son lo que estaban esperando las plantas para liberar a sus retoños y ofrecerles mejores oportunidades para poder germinar.

Llegado este punto, las diferentes especies de árboles, arbustos y herbáceas deben encontrar el medio más seguro para que sus semillas encuentren un suelo adecuado para medrar, con humedad y nutrientes suficientes y, siempre, lo más lejos posible de casa para evitar competidores. Por mucho que sean tus hijos, no es una buena idea tener a cientos o miles de pequeños retoños creciendo justo debajo de ti y consumiendo los mismos recursos que necesitarás para seguir alimentándote y prepararte para el invierno que se avecina.

Entonces, ¿cómo echar de casa a tus hijos y asegurarte de que la Naturaleza siga perpetuándose? La imaginación de la Naturaleza no tiene límites.
En algunos casos, las semillas tienen auténticas alas para poder volar con los vientos de las primeras borrascas de la nueva estación. Esto es típico de los tilos, los arces o los dientes de león;
Otras plantas crecen a las orillas de los ríos y utilizan el curso del agua (y el viento) para su dispersión: carrizos, eneas, alisos, etc.
En otros muchos casos, serán las aves las que trasladen esas semillas a distancias que pueden ser de decenas de kilómetros. Evidentemente, las aves consumen muchas semillas. También ellas deben acumular energía para prepararse para meses de escasez con la llegada del frío y falta de luz. Esta depredación limita el número de oportunidades que tienen las plantas para perpetuarse. Es pura vida y sin riesgo para ninguna de las partes. Si aves y plantas llevan conviviendo decenas y decenas de millones de años, poco peligrosa puede ser su relación.

Pero ¿Cómo conseguir que un ave se lleve tus semillas de tal modo que sigan siendo viables? Sin que haya otra forma de explicarlo, en algún momento, las plantas inventaron un cebo repleto de nutrientes para rodear a sus semillas y atraer a las aves para utilizarlas como acarreadoras. A cambio del viaje gratis, incontables pajarillos, que en muchos casos, se encuentran inmersos en pleno periodo migratorio hacia África, reciben la rica pulpa repleta de azucares que es la energía que les permitirá afrontar, con mejores posibilidades de éxito, el salto del Sahara, un puro océano de arena y roca, sin agua y sin descanso en cientos de kilómetros. Una vez digeridos los frutos, las semillas son expulsadas junto a las heces y estarán listas para intentar germinar. Las propias heces del ave servirán como el mejor abono.

En cualquiera de nuestros paseos por bosques, praderas y jardines, podremos asistir a este fenómeno anual asombroso de la Naturaleza. Salid a campear y nos os perdáis los días más bonitos del año.

Un abrazo y nos vemos en el campo.
Aquila Naturaleza.

Las aves y las mal llamadas malas hierbas.

Miguel Rouco.
Carduelis, carduelis (Miguel Rouco).
Miguel Rouco.
Carduelis chloris (Miguel Rouco).

Pero para millones de pajaritos, estos solares, descampados, rastrojeras, lindes, cunetas…A nuestros ojos no parecen mucho, ni siquiera tienen el aspecto verde, geométrico y ajardinado que tanto nos gusta y que creemos que deben tener nuestras ciudades y campos. Solamente, vemos en ellos un refugio de malas hierbas que afean el paisaje y que debemos eliminar a toda costa.

Espacios “descuidados” y foco de malas hierbas, les ofrecen todo lo que necesitan para sobrevivir. En ellos encuentran las semillas, que son la base de su dieta a lo largo de todo el año, y los insectos que les proporcionan las proteínas que requieren sus polluelos para crecer. En sus marañas de cardos, rosales y enredaderas esconden seguros sus nidos y se cobijan para pasar protegidos las duras noche de hielo del invierno.

 

Miguel Rouco
 Cardos (Miguel Rouco)

La próxima que nos sintamos tentados de quemar o arrancar estas “malas hierbas”, acordémonos de cuánto bien hacen para nuestras aves y para incontables insectos polinizadores como las abejas o las mariposas. Los bellísimos verderones, verdecillos, jilgueros, pardillos y un largo etcétera de pequeños pajarillos, nos lo agradecerán con sus alegres cantos y plumajes.

 

 

 

Un abrazo y nos vemos allí donde aún se sepa cuidar de todas las formas de vida.

Aquila Naturaleza.