Realmente ¿son los cormoranes los responsables de que no haya pesca en nuestros ríos y mares?

Sin entrar en mayor polémica, merece la pena tener en cuenta el “impacto” humano sobre la “pesca”.

En España hay 46.000.000 millones de habitantes (aproximadamente) y el consumo medio per capita es de 43 kilos de pesca limpia, sin incluir piel y órganos que el cormorán sí que consume.

Total, los españoles consumimos todos los años la imponente cifra de 1.978.000.000 de kilos (que no todo procede de España). A esto hay que sumar otros problemas para la pesca:

• Contaminación de ríos y acuíferos con millones de litros de aguas urbanas contaminadas que, en muchos casos, siguen sin ser tratada en depuradoras.

• Sobreexplotación de los acuíferos y de los ríos que supone una acusada reducción de la cantidad de agua y, en muchos casos, la sequía completa de innumerables ríos por toda España.

• Destrucción de los bosques de ribera y su sustitución por explotaciones industriales forestales (chopos) que carecen de sotobosque. Estos bosques de ribera, con sus árboles, arbustos y eneales, no sólo frenan el golpe de las crecidas, protegiendo pueblos y urbanizaciones enteras que se han construido en plena zona inundable, además, con sus ramas, hojas y frutos nutren los cursos de agua (y a sus comunidades de seres vivos), ofrecen sombra y protección para los alevines, oxigenan el agua, fijan sedimentos creando nuevos y fértiles suelos para la agricultura, la ganadería…

• Pérdida de las áreas de freza de truchas (por poner un ejemplo) por colmatación de los fondos de grava debido a los vertidos de sedimentos a las aguas procedentes de las innumerables explotaciones de áridos que se ubican en la misma orilla de los ríos y dentro de las llanuras de inundación.

• Etc.

http://www.lne.es/…/pescadores-piden-combatir-…/2053475.html

Anuncios

Los bosques son la mejor protección frente a las crecidas de los ríos y frente a los temporales marinos.

Ya sea en los ríos o en las costas, los bosques de ribera y los manglares protegen a las orillas y a las poblaciones humanas asentadas en ellas, frente a las crecidas de ríos y frente a los temporales marinos. Destruir estos bosques, bien porque se consideran suciedad o bien porque se sustituyen para plantar plantaciones industriales de chopos o cultivos de gambas, supone la perdida irreparable de ecosistemas incomparables y de la mejor protección de las poblaciones humanas que, imprudentemente, se han asentado en sus llanuras de inundación y en la primera línea de costa.

https://media.giphy.com/…/26ybvuT…/giphy-downsized-large.gif

¿Por qué es importante no “limpiar” los cauces de los ríos?

La vegetación de ribera de nuestros ríos (y de toda su cuenca) es la mejor defensa frente a los posibles daños generados por crecidas potencialmente peligrosas.

Muy lejos de lo que se cree de forma generalizada, la vegetación de los ríos, no sólo no agrava los daños causados por las crecidas, sino que funciona como defensa frente a las crecidas. Como afirma un estudio realizado por la investigadora Carmen Gallego, sobre una rambla próxima a Cartagena, en Murcia, la vegetación en el cauce no sólo no representa un factor de riesgo añadido en este tipo de episodios, sino que provoca un efecto positivo retrasando la llegada y reduciendo el caudal «pico» de la avenida que agrava las inundaciones.

Resulta fundamental conocer esta información para poder defender nuestros ecosistemas ribereños frente a los que, por desconocimiento, exigen eliminar su vegetación (destruyendo todo un ecosistema incomparable) pensando que así se evitan los efectos nocivos de las crecidas de los ríos.

La información también salva a nuestra Naturaleza.

http://www.levante-emv.com/comunitat-valenciana/2016/12/04/limpieza-cauces-dispara-caudal-violencia/1500397.html

El ecosistema de “un pueblo sin niños”

Desgraciadamente, la dehesa salmantina y la práctica totalidad de la dehesa ibérica, ya hace mucho tiempo que ha dejado de ser un “paraíso”.

Lo que hasta hace pocos años era un sistema sostenible (viable a largo plazo) donde los animales disponían de espacio suficiente para pastar, para “nunca” llegar a agotar el propio pasto e impedir por ramaneo el crecimiento de nuevos árboles, actualmente, se ha convertido en un inmenso cebadero al aire libre. La disparada demanda de carne para consumo humano ha supuesto tal incremento de la carga ganadera en este ecosistema que, en la actualidad, está impidiendo por completo su regeneración natural. Hay tantas vacas en tan poco espacio que ni un solo carrasco llega a despuntar lo suficiente para convertirse en una generosa y poderosa encina madura. Literalmente, las vacas se comen todos los hijos de la dehesa.

Si hacemos un símil, diremos que estamos ante “un pueblo sin niños”, donde todos sus habitantes son adultos o ancianos y no hay nuevos niños para sustituirlos cuando la ley natural acabe con ellos.

Si nos fijamos en la foto, sólo nos encontramos con encinas adultas (la mayoría envejecidas) y ni un solo renuevo: un paisaje condenado a la desaparición por la muerte de sus protagonistas.

A este panorama trágico se suma un estilo de poda tremendamente agresivo con el arbolado y que no tiene en cuenta el profundo cambio climático que estamos generando los seres humanos. Los árboles sufren enormemente para recuperarse del esfuerzo que conlleva regenerar su copa. Las robustas ramas que sostenían los nidos de joyas ibéricas, como el águila imperial, la cigüeña negra o el buitre negro, han desaparecido para convertirse en leña. Hemos convertido a las encinas y robles en meros productores de leña y bellota, sin respetar su papel ecológico como generadores y protectores del suelo (frente al golpe de la lluvia, el viento, el hielo y el sol) y hogar de la fauna mediterránea.

La próxima vez que tengas la oportunidad de pasear o visitar una dehesa, fíjate en si hay carrascos (encinas jóvenes). Si los encuentras, entonces sí podrás decir que, quizá, estés ante algo parecido al paraíso del lince y el águila, y, por supuesto, de la vaca y el cerdo.

http://salamancartvaldia.es/not/131715/asomate-al-paraiso/