Las pequeñas esmeraldas llegadas del Norte.

Relatos de la naturaleza

Los apasionados por las aves tenemos un ritual todos los otoños: pasear por las riberas de los ríos en busca de pequeñas esmeraldas colgadas bocabajo de los frutos de los alisos. ¡Eso es, buscamos lúganos! Estas aves pequeñas (menores y claramente más gráciles que un herrerillo común), entre verdes y blancas, y con los machos coronados por un capirote negro, vuelan nerviosas de aliso en aliso y en bandos de hasta 50 aves.

Como cada otoño, muchos de estos pequeños pajarillos vuelven a visitar las alisedas de nuestros ríos y arroyos en busca de las minúsculas semillas de los conitos de estos árboles generosos. Llegados desde el centro y el norte de Europa han sido siempre una señal evocadora del cambio de estación. Sin embargo, y como tantas otras aves, el cambio climático, y la suavización de las temperaturas, está llevando a muchas de ellas a no emprender un viaje tan largo y a quedarse todo el otoño e invierno más cerca de sus áreas de reproducción. Es una verdadera pena porque pocas aves nos daban tanta alegría volver a ver después de varios meses de ausencia. La “seca de los alisos”, enfermedad que está matando a estos árboles incomparables, los que más cobijo y alimento ofrecen en nuestras riberas, no hace más que agravar su ausencia, ya que el lúgano apenas come otra cosa, si acaso semillas de cardos y, realmente, muy poco más, al menos en Salamanca.

La próxima vez que pasees por una ribera, detente y busca en la copa de los alisos pequeñas aves amarillo-verdosas que se desplazan inquietas en bandos y que son capaces de colgarse cabeza debajo de estas piñas. Tendrás el privilegio de estar ante una ave tan bonita como valiente. Recuerda que apenas pesan unos 10 gramos y que pueden haber llegado volando desde Escandinavia o Rusia. ¡Increíble!