Mientras escribimos estas palabras, grullas y ánsares comunes cruzan sobre la ciudad de Salamanca en completa oscuridad…

…Graznidos y trompeteos que resuenan en el silencio poco frío de esta noche estrellada de un noviembre que está a punto de terminar. Asombra pensar en los miles de kilómetros que habrán recorrido estas aves, que pesan entre 4 y 6 kilos, y que se enfrentan al abismo de un continente que cada vez resulta menos acogedor.
Como si se tratará de la llamada de unas Sirenas aladas, resulta imposible no soñar con sus viajes mágicos y con el recuerdo pasado de una Europa cubierta de bosques, lagos y herbazales donde la vida lo llenaba todo.
El mágico e imparable fluir de la Vida Silvestre que alegra a quién quiere escuchar.

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