¡Cuidado: aves protegidas criando!

Relatos de la naturaleza

Este fin de semana tendremos una magnifica ocasión para disfrutar de la naturaleza con el senderismo y la visita a nuestros bosques y sierras.

La primavera ha comenzado y el campo está exuberante. Solo queremos llamar tu atención a la hora de planificar tus rutas. En este momento de primavera temprana, ya son varias las especies protegidas las que han iniciado su delicado periodo de reproducción: buitres leonados y negros, búhos reales, azores, etc. En muchas ocasiones nos pasaran desapercibidas durante nuestras rutas, pero están ahí, protegidas en los bosques y riscos más inaccesibles, justo lo que buscan los amantes del senderismo menos “cómodo”.

Por este motivo, te pedimos que respetes las señalizaciones de regulación de acceso y tránsito colocados por las diferentes administraciones en ciertos caminos y parajes y que elijas los caminos ya conocidos, evitando recorrer los rincones “más salvajes”. La suma de todas las molestias, ya sean provocadas o accidentales, pueden llevar a algunas de estas especies a abandonar sus nidos y provocar la muerte de su pollos y hasta la perdida de sus territorios. Que tu día de campo no se convierte en una amenaza más para nuestro patrimonio natural

¡Disfrutad del fin de semana!

El lloro lúgubre que heló la sangre de las gentes del campo.

Relatos de la naturaleza

Uno de los mayores placeres de la Naturaleza es, indudablemente, deleitarse con sus mil canciones: el viento susurrando entre los árboles o gimiendo entre las afiladas cumbres, el arrullo a veces tranquilo y otras veces atronador de los arroyos y, por supuesto, el dulce trino de los pájaros. Sin embargo, no todos los cantos de las aves han despertado las mismas agradables sensaciones.

Para la gente que vive y trabaja en los pueblos o en pleno campo, su jornada de trabajo, muchas veces, comienza y concluye sin disponer de luz solar. Para los que tienen la fortuna de trabajar en las cercanías de los pueblos, el resplandor de las farolas modernas o de las candelas de gas o aceite de sus abuelos, ha servido y sirve para facilitar su dura faena. Sin embargo, para aquellos que deben alejarse más de las viviendas, la noche puede ser hogar de muchas sorpresas y más de un susto. ¿Qué sustos pueden esconderse entre las sombras de la noche? ¡Muchos!. De todos ellos, hay uno que ha provocado no pocos sobresaltos y aspavientos hasta no hace tanto tiempo. Durante las horas de mayor oscuridad y desde lo más profundo del bosque, brota durante la mayor parte del año un lamento lúgubre y penetrante que ha helado la sangre de muchos hombres y mujeres de campo. Las más de las veces, es un lastimero uuuuuu empapado en pena, otras, es un lloro trémulo y desgarrador, y a veces, es un maullido agónico. ¿Qué o quién puede ser el autor de semejante repertorio de quejidos, lloros y chillidos que tantos respingos y carreras precipitadas ha provocado?

¡El cárabo es nuestro amigo misterioso! Esta rapaz nocturna, con plumas del color de la corteza de los árboles, de cuerpo rechoncho, cuellicorta, de abultada cabezota redondeada y que no llega al medio kilo de peso, es el responsable de todo este rico coro de llamadas inquietantes. Protagonista de leyendas y cuentos donde presagiaba malos augurios, para nosotros es uno de los cantos más sobrecogedores, hermosos y auténticos de la Naturaleza, la voz del bosque puro.

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Cárabo. Fotografía de Eduardo Carrasco

Amante de las espesuras forestales y cazador insuperable de roedores, es un fiel aliado de los mismos hortelanos a los que más de un susto ha dado. Su vuelo mudo y su finísimo oído le convierten en un habilísimo depredador de ratas, ratones, topillos y, más rara vez, de pájaros que sorprende durmiendo e, incluso, de alguna rana y lagartija despistadas.

Por último, tened en cuenta un dato curioso y de vital importancia para su supervivencia. El cárabo, como el resto de las rapaces nocturnas, confía plenamente en su plumaje impecablemente críptico. Hasta tal punto tienen fe en su capacidad para fundirse con el entorno, que sus polluelos, mucho antes de saber volar, se lanzan al suelo sin miedo a ser sorprendidos por sus no pocos depredadores. Si un zorro, una garduña o un paseante cruzarán en ese momento por allí, los pequeños buhitos cerrarían los ojos para convertirse, como por arte de magia, en broza, ramas secas y en la copia más fiel de los matorrales. Nadia diría que una familia de indefensas y rechonchas rapaces se encuentra al alcance de nuestra mano. Si por un casual, llegáramos a descubrirlos, no deberemos creer que están abandonados. Probablemente, sus padres estarán vigilando atentamente la escena y bajarán a cebarlos en cuanto sientan que ya nos hemos alejado a una distancia prudencial. Solamente, si un perro, un gato o un paseante con peores intenciones, pudiera ponerlos en riesgo, será entonces cuando deberemos intervenir para cogerlos y tratar de subirlos hasta una rama segura. Si esto no fuera posible, entonces es cuando deberemos llevarlos al hospital de fauna silvestre más cercano. Allí los alimentarán hasta que puedan volar solos y puedan ser liberarlos donde fueron recogidos.

En la próxima ocasión que la noche te alcance en el campo, ¡escucha!. Olvídate del miedo y adéntrate por las callejas y los claros del bosque. La oscuridad te regalará no pocas sorpresas, aromas y experiencias con todas sus criaturas.

¡Nos quedamos en casa!