El Diente de León, la «pesadilla» sin fundamento de los jardineros.

Relatos de la naturaleza

Seguramente, no hay en nuestros parques y jardines una planta que sea perseguida con más saña y con menos sentido que el bello Diente de León. Su crecimiento vertiginoso y su exitosa colonización de casi cualquier suelo, convierten a esta planta en un candidato insuperable a la hora de embellecer naturalmente, y completamente gratis, nuestros espacios verdes y, ¡encima!, sin requerir de los constantes cuidados y riegos, casi diluvios, que sí necesitan muchas de las plantas habitualmente empleadas.

Una de sus mayores virtudes es que sus flores se encuentran entre las más demandadas por todos nuestros insectos polinizadores. Abejas, avispas, abejorros, mariposas, moscas, etc. La lista de especies que acuden a este “maná” es interminable. A su vez, gracias a estos insectos, también poco queridos en los entornos urbanos, la lista de plantas domésticas y silvestres que son polinizadas es inabarcable.

Pero es que, además, es una de las plantas medicinales más conocidas y accesibles. Te contamos sólo algunas de sus propiedades. ¡Eso sí! Siempre que la consumas debes ser prudente, y mucho mejor si es consultando primero a un médico:

-Se considera el vegetal con mayor contenido en hierro, resultando ideal para combatir la anemia.

-Sus propiedades diuréticas son conocidas desde hace siglos, hasta el punto de ser conocida popularmente en Cataluña como “planta del pis”

Protectora del hígado, se recomienda en casos de hepatitis y cirrosis.

-Sus propiedades depurativas se emplean para depurar las toxinas de la sangre.

Mejora el apetito y ayuda a la digestión.

-Rica en Vitamina A, C y ácido fólico.

-Sus hojas frescas se han usado como emplastos para cicatrizar heridas y curar afecciones de la piel.

-Calma y relaja problemas circulatorios.

Lo más recomendable es recolectar sus flores y brotes tiernos en primavera y comerlos frescos en ensaladas. Hasta sus raíces se pueden recolectar, secar y tostar para servir como sucedáneo del café pero, ¡sin cafeína!. Lo único que deberás tener en cuenta es no recogerla en jardines urbanos. La contaminación urbana, los pesticidas y las cacas y pises de perros pueden darte un disgusto.

En definitiva, la próxima vez que veas crecer en tu jardín al dorado Diente de León, no olvides que estás contemplando a un superviviente pleno de virtudes, una planta bellísima, utilísima y que se merece todo nuestro respeto y admiración.