la golondrina daúrica.

Relatos de la naturaleza

La golondrina daúrica es una de las aves más bonitas de Europa y una de las que construyen un nido más elaborado. Su cuello alargado, en forma de pasillo, es una inteligente estrategia para evitar que los depredadores asalten sus nidos y atrapen a sus pollos.

En este caso, sorprende el doble nido construido por esta pareja. Los excrementos del suelo delatan cuál de los dos ha sido ocupado esta pasada temporada de cría.

Con el comienzo del otoño tenemos las últimas oportunidades para observar esta valiente migradora que en próximas fechas nos abandonará para viajar hasta la eterna primavera de África.

¡Suerte y buen viaje, amiga!

El nido más elegante de Europa.

Relatos de la naturaleza

De todas las aves de Europa, la que elabora el nido más refinado y elegante es, muy probablemente, el pájaro moscón. Esta minúscula ave enmascarada, y con menos de 10 gramos de peso, es una tejedora insuperable. Empleando la pelusa de los amentos de los álamos y de las flores de la eneas y, si la encuentra, la lana que las ovejas hayan podido dejar por el suelo o ensartada en las espinas de un rosal o una alambrada, y sin más ayuda que la de su pico habilísimo, el pájaro moscón teje un nido que es un primor de diseño y resistencia. Eso sí, de un solo uso. Los vientos y lluvias del invierno destrozarán su nido y lo dejarán inservible para futuros años.

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Antes de que las hojas cubran las riberas de nuestros ríos, el macho de moscón ya está ocupado trajinando todo tipo de pelusas que encuentra por sus modestos dominios. Con mucho detenimiento elige un árbol cuyas ramas pendan sobre el agua y, de este inteligente modo, evitar que un zorro o un gato pueda encontrar suelo firme para saltar sobre sus delicados refugios.

Una vez elegida la rama, siempre flexible y colgante a escasos metros sobre el agua, hace un primer nudo, simplemente, valiéndose de la destreza de su pico. A partir de ese primer nudo, teje otro, y otro y otro y así hasta que tiene una especie de soga sobre la que irá tejiendo el envoltorio plumoso y blanquísimo que deberá asegurar la protección de su futura familia.

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Cuando ya tiene un nido en forma de bolsa colgante, sólo entonces, comenzará a cantar. No será la canción arrolladora y llena de imaginación que por fechas algo más tardías lucirá el ruiseñor, pero a sus posibles parejas eso no parece importarles. ¿En qué se fijará una moscona para elegir a un moscón como compañero de fatigas de cría y como padre de sus hijos? Pues en la calidad del hogar que le ofrece, su nido. Nada más valioso y necesario que un seguro y confortable hogar para ella y sus pollos.

Escuchado el macho entonar su canción, la moscona acudirá, entrará en el nido y con todo el esmero que pueda mostrar la más exigente de las inspectoras, a la que no se le escapará ni una sola fisura o nudo mal entrelazado, revisará de punta a punta el nido. Si le gusta, se quedará con él y lo rematarán juntos. Si no le gusta, nuestro pequeño y apesadumbrado galán deberá tirar el nido y comenzar de nuevo su labor.

Con la pareja ya formada, ya sólo queda rematar el nido. A la blanca bolsa tejida por el macho se le suma un recubrimiento de hojas y flores, que aseguren que queda mimetizado con el paisaje, y un pasillo colgante y con la boca apuntando hacía abajo. Con esta ingeniosa incorporación, los huevos y polluelos del interior quedarán a salvo, y no siempre, del asalto de culebras y urracas. La pura gravedad y la delgadez de la rama sobre la que se ha tejido el nido, impedirán que los depredadores puedan encontrar un apoyo firme desde el que asaltar el nido. Esta sabia elección salvará muchas veces a la familia de un ataque, pero, aparentemente, tendrá un serio inconveniente cuando se desate una de las habituales tormentas de la primavera. La ligereza de la rama de la que cuelga el nido provocará que sea zarandeado con enorme violencia por los vendavales. La maestría tejedora del macho, y que enamoró a su hembra, ahora se muestra como la mejor garantía para soportar las sacudidas sin llegar a desgajarse. Muchas veces, es mejor ser flexible como el junco y no rígido como el hierro.

Una vez finalizada la pequeña obra de arte que es el nido, comienza la incubación y los mil viajes en busca de la comida que los polluelos exigirán. No serán muchos días, menos de 15, pero serán agotadoras jornadas de trabajo de sol a sol para ambos padres. Un trabajo enorme para dos aves tan pequeñas como valientes. Todo por la familia.

¡Mucha suerte!