El lloro lúgubre que heló la sangre de las gentes del campo.

Relatos de la naturaleza

Uno de los mayores placeres de la Naturaleza es, indudablemente, deleitarse con sus mil canciones: el viento susurrando entre los árboles o gimiendo entre las afiladas cumbres, el arrullo a veces tranquilo y otras veces atronador de los arroyos y, por supuesto, el dulce trino de los pájaros. Sin embargo, no todos los cantos de las aves han despertado las mismas agradables sensaciones.

Para la gente que vive y trabaja en los pueblos o en pleno campo, su jornada de trabajo, muchas veces, comienza y concluye sin disponer de luz solar. Para los que tienen la fortuna de trabajar en las cercanías de los pueblos, el resplandor de las farolas modernas o de las candelas de gas o aceite de sus abuelos, ha servido y sirve para facilitar su dura faena. Sin embargo, para aquellos que deben alejarse más de las viviendas, la noche puede ser hogar de muchas sorpresas y más de un susto. ¿Qué sustos pueden esconderse entre las sombras de la noche? ¡Muchos!. De todos ellos, hay uno que ha provocado no pocos sobresaltos y aspavientos hasta no hace tanto tiempo. Durante las horas de mayor oscuridad y desde lo más profundo del bosque, brota durante la mayor parte del año un lamento lúgubre y penetrante que ha helado la sangre de muchos hombres y mujeres de campo. Las más de las veces, es un lastimero uuuuuu empapado en pena, otras, es un lloro trémulo y desgarrador, y a veces, es un maullido agónico. ¿Qué o quién puede ser el autor de semejante repertorio de quejidos, lloros y chillidos que tantos respingos y carreras precipitadas ha provocado?

¡El cárabo es nuestro amigo misterioso! Esta rapaz nocturna, con plumas del color de la corteza de los árboles, de cuerpo rechoncho, cuellicorta, de abultada cabezota redondeada y que no llega al medio kilo de peso, es el responsable de todo este rico coro de llamadas inquietantes. Protagonista de leyendas y cuentos donde presagiaba malos augurios, para nosotros es uno de los cantos más sobrecogedores, hermosos y auténticos de la Naturaleza, la voz del bosque puro.

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Cárabo. Fotografía de Eduardo Carrasco

Amante de las espesuras forestales y cazador insuperable de roedores, es un fiel aliado de los mismos hortelanos a los que más de un susto ha dado. Su vuelo mudo y su finísimo oído le convierten en un habilísimo depredador de ratas, ratones, topillos y, más rara vez, de pájaros que sorprende durmiendo e, incluso, de alguna rana y lagartija despistadas.

Por último, tened en cuenta un dato curioso y de vital importancia para su supervivencia. El cárabo, como el resto de las rapaces nocturnas, confía plenamente en su plumaje impecablemente críptico. Hasta tal punto tienen fe en su capacidad para fundirse con el entorno, que sus polluelos, mucho antes de saber volar, se lanzan al suelo sin miedo a ser sorprendidos por sus no pocos depredadores. Si un zorro, una garduña o un paseante cruzarán en ese momento por allí, los pequeños buhitos cerrarían los ojos para convertirse, como por arte de magia, en broza, ramas secas y en la copia más fiel de los matorrales. Nadia diría que una familia de indefensas y rechonchas rapaces se encuentra al alcance de nuestra mano. Si por un casual, llegáramos a descubrirlos, no deberemos creer que están abandonados. Probablemente, sus padres estarán vigilando atentamente la escena y bajarán a cebarlos en cuanto sientan que ya nos hemos alejado a una distancia prudencial. Solamente, si un perro, un gato o un paseante con peores intenciones, pudiera ponerlos en riesgo, será entonces cuando deberemos intervenir para cogerlos y tratar de subirlos hasta una rama segura. Si esto no fuera posible, entonces es cuando deberemos llevarlos al hospital de fauna silvestre más cercano. Allí los alimentarán hasta que puedan volar solos y puedan ser liberarlos donde fueron recogidos.

En la próxima ocasión que la noche te alcance en el campo, ¡escucha!. Olvídate del miedo y adéntrate por las callejas y los claros del bosque. La oscuridad te regalará no pocas sorpresas, aromas y experiencias con todas sus criaturas.

¡Nos quedamos en casa!

¡Madres coraje!

Relatos de la naturaleza

En la Naturaleza no hay nada que una madre no esté dispuesta a hacer por sus hijos. Sin importar si son especies grandes o pequeñas, dotadas o no de “armas”, las hembras de la Naturaleza se enfrentan cada día a incontables dificultades para ofrecer, todo lo que dependa de ellas, para que sus familias salgan adelante. Para lograr este colosal propósito hay todo tipo de estrategias: algunas cargan durante semanas o meses con sus crías y durante varias semanas o meses más les educarán pacientemente en todas las habilidades necesarias para su supervivencia; otras llevan su carga durante menos días, pero luego dedicarán semanas o meses enteros para asegurarse que serán capaces de aprender todo lo necesario para la vida independiente; y otras, menos entregadas a la exigente maternidad, se limitan, ¡que no es poco!, a buscar un lugar seguro para enterrar sus huevos o para parir a sus crías vivas, y luego, que cada una se busque la vida como la Naturaleza buenamente haya decidido.

Las ánades reales o azulonas, valientes madres solteras, pertenecen al segundo grupo. Siendo aves perfectamente adaptadas y condicionadas a una vida acuática, son conscientes de que reproducirse en una charca o ribera puede conllevar poner una diana sobre sus crías. De este modo, y buscando un lugar con menos vecinos peligrosos, eligen otros espacios supuestamente más seguros: campos de cereal, zarzales y, como muchos han comprobado, piscinas, fuentes urbanas y hasta garajes. Allí donde pueda haber refugio, allí acudirán estas madres para incubar sus 10 o 12 huevos. Pero, y si allí no hay comida ¿con qué alimentará a su numerosa familia? ¡Sencillo y arriesgado!: una vez que eclosionen, y con apenas unas horas de vida, toda la familia unida emprenderá una azarosa travesía hasta donde pueda haber sustento y cobijo. Será entonces cuando podamos sorprendernos con una “fila” de minúsculos patitos cruzando carreteras, campos abiertos y hasta calles de nuestras ciudades.

Azulona con patitos

Fotografía de Eduardo Carrasco

Para fortuna de las aves nidífugas, sus polluelos son capaces desde el primer día de caminar y alimentarse por su cuenta. Sus dedicadas madres “simplemente” deben asegurarse de encontrar un escondite seguro para los días de incubación y, luego, conducirlos hasta un humedal donde puedan alimentarse. Una vez allí, les enseñarán qué se puede comer, a qué compañeros de charca deberán evitar y cómo y dónde deberán esconderse cuando una sombra furtiva cruce el cielo. Por suerte, nuevamente, la Naturaleza ha previsto todo y ha dotado a los, supuestamente indefensos patitos, de la información innata absolutamente indispensable para sobrevivir incluso si se quedarán huérfanos o se separaran del grupo. Para muchos animales, la escuela ya viene de serie. ¡Puro asombro!

La próxima vez que te encuentres con unos patitos en tu piscina, procura darles cuantos días puedas para que puedan fortalecerse y aprender junto a sus madres. Cuando necesites vaciar la piscina, procura capturar juntos a todos los pollitos y llevarlos hasta un lugar seguro donde la madre pueda seguirte. Y si la familia corre peligro por la presencia de gatos, perros sueltos o humanos poco sensibles, captura a los polluelos y llévalos todos juntos hasta un río o laguna cercana que disponga de vegetación donde esconderse y alimentarse y cerciórate que no haya perros o gatos que puedan depredarlos. Es un pequeño esfuerzo que todas las madres se merecen.

 

El exquisito regalo diario de los polinizadores.

Relatos de la naturaleza

En la naturaleza todo y todos somos tan absolutamente indispensables que sería muy difícil poder afirmar cuál es la planta o animal que tiene más trascendencia en la salud y en el buen funcionamiento de esta maquinaría inmensa y asombrosa que es la Vida.

Indudablemente, deberíamos hablar de las plantas, con su impagable labor en la producción vegetal a través del proceso mágico de la fotosíntesis.

También deberíamos hablar del papel crucial de los descomponedores, que transforman la materia orgánica e inorgánica en nutrientes para el conjunto del sistema.

O ¿Cómo no recordar a los indispensables y minúsculos seres, invertebrados, hongos y bacterias, que pacientemente rompen hasta la más dura de las rocas para crear y enriquecer los suelos sobre los que se asienta todo este sistema?

Y si hablamos de animales ¿Qué animales pueden ser más trascendentales y, tristemente, generar mayor rechazo que los modestos y fascinantes insectos? Y, sin embargo, a muy pocos seres vivos debemos tanto. De todos ellos, sin duda, son los polinizadores a los que se pueda considerar como uno de los pilares más firmes sobre los que se asienta este complejo engranaje que es la Vida.

Mucho más allá de las famosas abejas de la miel, existe una incalculable miríada de abejas silvestres, abejorros, avispas, moscas, mariposas y escarabajos que pululan por doquier en busca del dulce y nutritivo néctar y polen de las flores. Con su incansable trasiego diario entre flores, que pueden estar separadas por varios kilómetros de distancia, son los más efectivos de los acarreadores del polen que las fertilizará y que, mágicamente, se materializará en incontables y deliciosos frutos y semillas que, finalmente, serán las futuras plantas que volverán a dar origen a todo lo que llamamos Naturaleza.

Así que mejor no lo olvidemos. Cada vez que veamos volar una abeja, una mosca o una polilla, recordemos que les debemos buena parte de la comida, oxigeno, medicamentos o tejidos que necesitamos cada día de nuestra vida.

En la Naturaleza nada es superfluo ni tan pequeño como no ser indispensable para su correcto funcionamiento.

El lagarto verdinegro: un tesoro deslumbrante.

Relatos de la naturaleza

Muchas son las joyas que podemos encontrar en la Península Ibérica. Su situación periférica, el relativo “aislamiento y diferenciación” del resto de la fauna europea y su extraordinaria riqueza de paisajes, suelos y climas, convierten a este apéndice europeo en un tesoro biológico cuajado de singularidades.

Algunos de estas joyas naturales son tan conocidos como el águila imperial y el lince ibérico. Otras siguen siendo profundamente desconocidas por parte del gran público. Una de ellas es el lagarto verdinegro, un reptil de apreciable tamaño (hasta 40 centímetros de longitud) y habitante endémico de las tierras atlánticas del noroeste ibérico.

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Amante de los climas húmedos y frescos y de los bosques, no suele ser habitual que los paseantes recaigan en la deslumbrante belleza de este saurio confiado.

Con la entrada de la primavera los lagartos verdinegros vuelven a la actividad después de pasar los meses fríos protegidos en sus refugios. Los machos no tardarán en lucir azules brillantes en sus cabezas, signo inequívoco de madurez sexual, y en buscar la compañía de una hembra de colores mucho más crípticos y de tramas similares a las luces y sombras que se proyectan entre la vegetación.

Una vez que se han encontrado permanecerán juntos y repetirán las cópulas. Finalmente, y llegados los calores del verano, la hembra buscar un lugar secreto donde esconder su preciada y única puesta.

En la provincia de Salamanca, sus poblaciones parecen limitarse a los bosques más atlánticos del Sistema Central, siendo relativamente frecuente en algunos rincones de la Sierra de Béjar y de Francia.

Si tienes paciencia podrás descubrir a estos bellos lagartos soleándose en alguna piedra o al resguardo de miradas indiscretas entre las retamas y robles bajos de estas sierras.

En tus próximos paseos por esta primavera que espera por nosotros, agudiza la mirada cuando recorras la Dehesa de Candelario, los alrededores de cualquier pueblo de la Sierra de Béjar o te adentres por las callejas que circundan los entornos de pueblos como La Alberca. La testa celeste de los machos les delatará. Permanece quieto y permite que sean ellos los que te descubran su vida secreta. No molestarles será la mejor forma de maravillarte con esta preciada y exclusiva joya ibérica.

 

Día Internacional de los Bosques.

Relatos de la naturaleza

Hoy 21 de marzo, es un día importante para todos los qué amamos la naturaleza, hoy es el Día Internacional de los Bosques.

Nuestro relato de hoy, va dedicado a ellos. Y queremos compartir este fabuloso poema de Antonio Machado con vosotros.

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Haya

Árbol, buen árbol, que tras la borrasca

te erguiste en desnudez y desaliento,

sobre una gran alfombra de hojarasca

que removía indiferente el viento…

Hoy he visto en tus ramas la primera

hoja verde, mojada de rocío,

como un regalo de la primavera,

buen árbol del estío.

Y en esa verde punta

que está brotando en ti de no sé dónde,

hay algo que en silencio me pregunta

o silenciosamente me responde.

Sí, buen árbol; ya he visto como truecas

el fango en flor, y sé lo que me dices;

ya sé que con tus propias hojas secas

se han nutrido de nuevo tus raíces.

Y así también un día,

este amor que murió calladamente,

renacerá de mi melancolía

en otro amor, igual y diferente.

No; tu augurio risueño,

tu instinto vegetal no se equivoca:

Soñaré en otra almohada el mismo sueño,

y daré el mismo beso en otra boca.

Y, en cordial semejanza,

buen árbol, quizá pronto te recuerde,

cuando brote en mi vida una esperanza

que se parezca un poco a tu hoja verde…

¡Esperamos que lo disfrutéis!

#NosQuedamosEnCasa

#quedateencasa

La primavera que ha llegado sin enterarnos

Relatos de la naturaleza

Inmersos en nuestras cosas apenas hemos sido conscientes de la llegada de la primavera, la estación donde la vida estalla. Sin esperar a tiempo mejores o peores, los animales y plantas ya están cuidando del futuro. En todas partes, las aves entonan sus cantos, arreglan sus nidos y, las más madrugadoras, ya cuidan con amor de sus polluelos. También los mamíferos se afanan en asegurar las siguientes generaciones. Hasta los primeros anfibios y reptiles inician sus amoríos con los primeros calores del año.

¡Y qué decir de las plantas! Por doquier las más tempranas de las especies ya lucen las relucientes y delicadas flores que se convertirán en las semillas y frutos que germinarán en las futuras plantas que serán la base de toda la vida.

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Una maravilla que podremos disfrutar durante las próximas semanas y que bien se merece tener un poco más de paciencia. La primavera esperará por nosotros.

El entrañable amigo de nuestro patio.

Relatos de la naturaleza

En muchas ocasiones, para ver aves fantásticas nos vemos obligados a viajar hasta lejanos y exóticos parques naturales o hasta altas y recónditas montañas. Muchas de estas aves, ciertamente, son realmente fascinantes, cargadas de colores relucientes, con asombrosos comportamientos y con infinidad de leyendas y cuentos donde son protagonistas de increíbles aventuras y desventuras.

Afortunadamente, y en muchas ocasiones, no necesitamos viajar ni emprender largas caminatas para encontrarnos con aves que son un auténtico regalo para nuestra imaginación. Muy cerca de nosotros tenemos un grupo de aves que son realmente maravillosas. No lucen colores brillantes, ni sus vuelos están a la altura de los magníficos despliegues del halcón peregrino, con los que comparten hogar y que no dudará en tratar de capturarlos. Aún así, son unas aves que nunca dejarán de sorprendernos. Los amigos de los que hablamos son los gorriones. Modestos en plumajes y vuelos han sabido ganarse el cariño de infinidad de pajareros.

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En primer lugar, debemos tener en cuenta que no sólo hay un gorrión. Para nuestra fortuna, contamos con hasta cinco especies en España: el gorrión común, el más urbanita; el gorrión molinero, más propio de campos, pueblos y granjas; el gorrión chillón, que además de en dehesas y roquedos, también, ha sabido acercarse al ser humano para criar en oquedades de edificios y puentes; el gorrión moruno, de hábitos más camperos y machos con barba muy poblada y, por ultimo, el gorrión alpino, el que ha ocupado las más altas montañas de la Cordillera Cantábrica y de los Pirineos. De estas cinco especies es el gorrión común, o pardal, el más cercano y familiar para nosotros.

¿Qué es lo que puede fascinarnos de un pájaro tan aparentemente simplón como el gorrión común? Para comenzar, debemos recordar que es el ave que mejor ha sabido adaptarse a los profundos cambios que los seres humanos hemos impreso en el paisaje. Muy inteligentemente, ha logrado convertir a un nuevo hábitat como el urbano, en su hogar. Si lo observamos con detenimiento podremos descubrir lo urbanita e insospechadamente complejo que es su comportamiento. Sus grupos familiares, con jerarquías de machos y hembras muy similares a las que muestran especies como leones y lobos, son sumamente territoriales. Literalmente, cada bandada ocupa y defiende con ardor su propio territorio y todos los recursos que guarda: su comida y sus agujeros de cría. Cada calle, plaza y jardín tiene su propio grupo, que no dudará en enzarzarse en agrias peleas con cualquiera que ose superar sus fronteras invisibles. Su belicosidad provoca que, en no pocas ocasiones, estallen feroces y ruidosos combates dentro de estos grupos. El orden y el lugar de comida se hará respetar a picotazos. Únicamente, la paz parece imponerse al llegar el atardecer, cuando los diferentes grupos se reúnen en sus dormideros comunales. Sabiamente, son muy conscientes que cien ojos y 50 picos pueden enfrentarse con más probabilidad de éxito al ataque de sus muchos depredadores. De todos ellos, es el gato el más mortífero. Son nuestros gatos domésticos y asilvestrados, tan bonitos como certeros en sus cacerías, una muy serie y poco valorada amenaza para la supervivencia actual de los escasos gorriones que ya van quedando en nuestras ciudades y pueblos.

Si para la mayoría de las aves, son los árboles, con sus huecos y ramas, el hogar perfecto para sus familias, para el gorrión común serán los huecos de los edificios el más seguro de los refugios para su familia. Igualmente admirable, ha sido su adaptación a la comida que pone a su disposición la ciudad: el pan y otro tipo de alimentos que consumimos a diario, las semillas de las mal llamadas “malas hierbas” que logran prosperar en jardines, solares y grietas de las aceras y, siempre que puede, insectos, absolutamente imprescindibles para nutrir a sus pollos con las indispensables proteínas animales que asegurarán su sano desarrollo. La contaminación que todo lo invade está literalmente matando de hambre a nuestros gorriones.

En este Día Mundial de los Gorriones queremos recordar a estos cercanos y familiares compañeros de nuestros patios y calles. Ojalá que queramos frenar el dramático declive de éstas y otras tantas especies. Todas son dignas de nuestro más sincero respeto y admiración.

¡Feliz día, amigos!