Halcones en el cielo de Salamanca (2000-2020). “Veinte años no es nada”

Relatos de la naturaleza

“La idea surgió de una ilusión. Algunos de los amigos pajareros que formábamos parte del grupo de Salamanca de la Sociedad Española de Ornitología (SEO- Birdlife), teníamos un interés particular por los halcones; acabábamos de realizar el censo provincial del halcón peregrino y seguimos con mucha atención un proyecto que se estaba llevando a cabo desde el año anterior en la ciudad de Barcelona, para introducir a esta mítica especie en un “ecosistema urbano”. Había ya algunas experiencias en algún otro país y realizarla en España era algo novedoso. Animados por nuestros colegas catalanes, comenzamos a darle vueltas a lo que desde entonces sería nuestro más ilusionante proyecto: la recuperación del halcón peregrino en la ciudad de Salamanca.Después de exponer nuestro plan a SEO-Birdlife y conseguir su aprobación, así como el apoyo para financiar el proyecto por parte del Ayuntamiento de Salamanca, que desde el primer momento confió en nosotros, nos embarcamos en el apasionante proyecto de intentar seducir a una pareja de halcones para que se estableciera en nuestra ciudad.Incorporar esta especie en el “ecosistema urbano” le aportaría riqueza y le daría un mayor equilibrio, además del valor que tendría de por sí, contar en nuestra ciudad esta emblemática especie.En mayo del año 2000, después de varios meses de una ardua gestión burocrática, elegimos la catedral nueva como la mejor opción para instalar la caja-nido donde albergarlos. En apenas unos días llegarían los pollos de halcón peregrino, de la subespecie autóctona brookei, procedentes de un centro de cría en cautividad de Cataluña, con los que iniciaríamos, mediante un procedimiento denominado “Hacking” o crianza campestre, la primera fase de este emocionante proyecto.Después de recibir a los cuatro pollitos de halcón de unos 20 días de edad, realizar los correspondientes chequeos veterinarios y anillarlos, los dejamos en su particular ático con vistas a la Plaza de Anaya, el centro de su nuevo territorio.Cada día subíamos las innumerables escalinatas de la catedral para alimentarlos a través de un tubo que habíamos preparado en la caja, que no permitía el contacto visual. La observación la realizábamos por un cristal espía.Pasamos muchas horas allí, como cuando se observa un bebé, viendo los pequeños progresos que iban realizando, observando si todos estaban bien, si comían, y si el desarrollo y la actividad eran normales. A los 15 días retiramos la puerta de malla que cerraba la caja-nido, quedando entonces abierta al vacío. Fueron unos días tensos y emocionantes; ya no podíamos controlarlos, eran libres. Entraban y salían cuando querían y tan sólo el aporte diario de comida en la caja les hacía regresar.El seguimiento lo hacíamos con telescopios desde diferentes lugares de los alrededores de la catedral, para disfrute de vecinos, estudiantes y turistas que siempre se interesaban por el proyecto y con los que muy gustosamente compartíamos nuestros telescopios.Fue todo un reto para los jóvenes halcones aprender a cazar sin padres en quien fijarse. Al cabo de un tiempo dejaron de frecuentar la caja donde hasta entonces les aportábamos la comida. Consiguieron cazar a fuerza de seguir sus instintos, de aprender de los errores que cometían y de mucho practicar.Fue muy emocionante hacer de “padres” de estos halcones desde la distancia y poder ver cómo volaban libres y cazaban ya sin depender de nosotros.La presencia de halcones en el cielo de Salamanca se hizo habitual. En todos estos años no hemos dejado de observar de forma continua halcones en el entorno de la catedral, estableciéndose una primera pareja en 2004. Después de algunos intentos de cría infructuosos, en 2007 volaron Ierónimus y Vega, los dos primeros halcones nacidos en la catedral de Salamanca. Desde entonces cada primavera, una nueva generación de halcones ha ido incorporándose a nuestros cielos; tan solo un año sin crías por obras en la torre de las campanas. Otra pareja de halcones ha establecido desde 2014 un nuevo territorio, a apenas cinco kilómetros de la catedral, criando en otra caja nido colocada también por los compañeros de SEO-Salamanca. No podemos estar más satisfechos con los resultados de este apasionante proyecto.Han sido muchas horas, incontables, las que hemos pasado observando estos halcones, desde la plaza de Anaya, el Patio de los Leones y el Patio Chico. Horas de observación y aprendizaje sobre su comportamiento. Hemos sido testigos de paradas nupciales, peleas, crianza, primeros vuelos, caza, accidentes, interacción entre miembros de la familia y con otras especies, etc. Podríamos contar tantas historias…Poder disfrutar hoy con la presencia del halcón peregrino en nuestra ciudad, es un gran premio para todos aquellos que saben apreciarlo. Agradecemos de corazón a todos los que lo hicieron posible: A SEO- Birdlife, a sus miembros del grupo local; al Ayuntamiento de Salamanca por su implicación, a sus técnicos de Salud Pública y a Eduard Durany, el impulsor del proyecto en Barcelona, del que tanto aprendimos.La primera semana de marzo de este particular 2020, después de la habitual parada nupcial, Gárgola, la actual hembra de halcón, se “confinó” en la caja-nido para incubar sus huevos.Los tres halconcitos nacidos esta temporada, aprendieron a volar y a cazar sin demasiados problemas, siempre vigilados de cerca por sus padres y ya han iniciado su dispersión juvenil.Esperemos que esta nueva generación de halcones charros pronto esté preparada, un año más, para la conquista del cielo de Salamanca, o de aquellos cielos a donde los lleve su peregrino viaje.Alberto Hernández Romo y Carlos Aldea Dorado, Coordinadores de SEO-Birdlife del proyecto de “Recuperación del halcón Peregrino en Salamanca”