Los roedores Jardineros.

Relatos de la naturaleza

Uno de los miedos más atávicos de una parte importante de la sociedad es que se tiene a los roedores. Ratas, ratones y topillos aterran a muchos humanos. Ardillas y lirones nos resultan bastante más simpáticos.

Rata de Eduardo Carrasco

Pero, ¿por qué generan tanto rechazo los roedores? Puede haber muchas causas. Una de ellas puede ser que su pequeño tamaño y su rápido movimiento nos parezcan algo que se escapa nuestro control y, por tanto, nos genere inseguridad y miedo.

Otra causa, y bastante razonable, es su incorregible gusto por los cultivos y alimentos que comenzamos a cultivar y almacenar durante el Neolítico, hace unos 9000 años, al menos, y que hasta hoy, son la base de nuestra alimentación. Muchos miles de años después, este rechazo se agudizo al culpar a las ratas como transmisoras de enfermedades tan devastadoras como la peste que asoló Europa en el siglo XIV y provoco 50 millones de muertos, un tercio de su población. Hoy sabemos que los auténticos vector de la transmisión de la Muerte Negra no fueron las ratas sino las pulgas contagiadas y que llegaron hasta Europa desde Asia Central, saltando de persona a persona a través de los rutas comerciales que se abrieron entonces. La pésima higiene y  alimentación de la época agravaron las devastadoras consecuencia de esta enfermedad.

Para tratar de cambiar esta nefasta imagen de los roedores. ¿Qué podríamos decir? ¿Cómo nos ayudan los roedores a los seres humanos? La mayoría de los roedores son insaciables consumidores de semillas de todo tipo -los topillos, por su parte, son fundamentalmente herbívoros-. Debido a que cuentan con numerosos depredadores (zorros, garduñas, cernícalos, meloncillos, búhos, etc.) necesitan esconderse para comer seguros. De este modo, recolectan multitud de bellotas, castañas, nueces y otros frutos y semillas, y los almacenan en despensas protegidas debajo de rocas, raíces o dentro de troncos huecos. Evidentemente, los cazadores de roedores no cesan en su persecución y tratarán de asaltar sus madrigueras para capturarlos. Con cada roedor depredado, muchos frutos y semillas quedaran sin consumir y pueden germinar en una incalculable cantidad de nuevas plantas. ¡Tachán!, los roedores planta y han plantado, sin pretenderlo, muchas de las plantas que hoy vemos y que tanto nos ayudan.

Evidentemente, no estamos hablando de tener ratas o ratones dentro de casa. Mordisquearían todo y nos dejarían muchos “regalitos”. Pero en el jardín de tu casa no te harán ningún daño que no pueda resolverlo un posadero para búhos chicos o lechuzas. A cambio, comerán numerosos caracoles e insectos que pueden consumir tus plantas. En cualquier caso, todo es parte del equilibrio del entorno. Son pequeños sacrificios para conseguir una naturaleza y un jardín mucho más bonitos y, sobre todo, naturales.

Búho chico de Eduardo Carrasco

El alcaudón meridional: un pájaro de película.

Relatos de la naturaleza

De todas las aves que tenemos la fortuna de poder ver en Europa, muy pocas tienen una vida tan de película coma la de los alcaudones.

Alcaudón meridional de Eduardo Carrasco.

La primera vez que supe de su existencia fue gracias a la película La Gran Evasión, una película que trascurría durante la Segunda Guerra Mundial en un campo de concentración alemán donde estaban “retenidos” prisioneros de los ejércitos aliados. En una de sus escenas, un prisionero mostraba a sus compañeros una pizarra donde estaba dibujado un alcaudón real y detallaba algunos rasgos de su aspecto. Este prisionero, por supuesto, era inglés, el país de los pajareros. Está escena de educación ambiental resultaba absolutamente chocante tratándose de un pavoroso campo de concentración.  Sin embargo, todo formaba parte de una trama que buscaba burlar a los soldados alemanes y distraerles del verdadero propósito de los prisioneros, poner en marcha un plan de fuga a gran escala, la gran evasión.  En esta escena, apenas pudo describir al alcaudón, pero me quedé, irremediablemente y definitivamente fascinado con su aspecto aguileño y, sobretodo, con el nombre que le había dado, el verdugo.

Este truculento nombre, nuestro protagonista se lo ha ganado a pulso. Observando el aspecto de un ave podemos conocer muchos aspectos de su vida: qué come, cómo consigue lo que come, si su vida transcurre en el suelo, en el agua, en un árbol, etc. Fijándonos en el alcaudón, llama la atención su pico de pequeña águila, curvo y afilado. Este pico le permite cazar y matar multitud de presas: ratones, insectos y numerosas aves. El problema surge cuando caza una presa grande y debe despedazarla para poder ingerirla. Para esta labor, las rapaces cuentan con fuertes garras que permiten asir la presa con fuerza para que su pico pueda diseccionarla. En el caso de nuestro protagonista, no es así. Sus patas, más bien finas, y sus garras, algo cortas, no tienen ni la fuerza ni la capacidad de agarre necesaria. ¿Cómo podrá tragar una presa que es incapaz de despedazar? Ante este problema, la Naturaleza vuelve a asombrarnos con su respuesta: los alcaudones han aprendido a empalar a sus presas en espinos, para fijarlas y poder despedazarlas. ¡El mismísimo Drácula de los pájaros!

Si esto nos resulta sorprendente, no es menos asombrosa su estrategia para cazar pájaros que, por supuesto, vuelan con destreza. Indudablemente, los alcaudones pueden maravillarnos por su bonito plumaje, pero no son, precisamente, los más diestros de los voladores. De hecho, se limitan a un vuelo rectilíneo, poco ducho para los giros de dirección y más bien lento. Entonces, ¿cómo pueden capturar pájaros que son mucho más veloces? Ante esto, de nuevo la inventiva de la Naturaleza, y de nuestro buen amigo, vuelven a dejarnos estupefactos. Sabiendo que la primavera la sangre altera, y que el amor nos ciega los sentidos, el alcaudón ha sabido aprovechar su oportunidad: si los machos de los paseriformes cantan sin descanso para atraer a las hembras, y éstas, no son capaces de resistirse a los encantos musicales de un galán, ¿qué pasaría si me escondo, me aprendo sus cantos y espero para capturarlos a que se acerquen cegados por el enfadado y el amor? ¡Dicho y hecho! Nuestro amigo se ha convertido en un extraordinario imitador de los cantos de las aves de su entorno. Con esta absolutamente deslumbrante estratagema plena de inteligencia y capacidad de adaptación a los rasgos específicos de su hábitat, uno tras otro, los pequeñas verdecillos, petirrojos, carboneros, herrerillos y muchos otros, van cayendo en su emboscada para, finalmente, quedar empalados en una espina de rosal o espino. ¿Tremendo, no?

alcaudón meridional de Eduardo Carrasco.

Desarrollándose la película en el centro de Europa, la especie no es otra que el alcaudón real En España, tenemos un primo casi idéntico, el alcaudón meridional, algo menor y de pecho más ocre, y que hasta hace pocos años no se describió como una especie diferente. Además de estas dos especies, ambas sedentarias y de mayor tamaño, en Europa tenemos la suerte de poder observar otros bellos alcaudones, el alcaudón común, el alcaudón dorsirrojo, el chico, etc. todos valientes y admirables migradores entre Europa y Africa.

Todos, migradores o no, sufren tremendamente con la desaparición debido a la contaminación, de los insectos que son fundamentales en su dieta, y con la tala de los zarzales, espinos y todo tipo de arbustos de copas cerradas y espinosas que necesitan para esconder y proteger sus nidos.

En nuestra mano esta la decisión de seguir teniendo el privilegio de contar con estas aves tan asombrosas ¿Cómo? respetando las lindes entre parcelas, plantando arbustos, reduciendo el uso de pesticidas o, mucho mejor, prohibiendo definitivamente su uso, etc

Ojala que el próximo año, el alcaudón meriodional no tenga que volver a ser candidato al funesto título de Ave del Año. Y si tiene que ser candidato a algo, que sea al de mejor actor por una película apasionante, su propia vida

El aguilucho cenizo: la suave brisa de las llanuras.

Relatos de la naturaleza

De todas las rapaces de nuestras llanuras, ninguna otra vuela con tanta gracia y elegancia sobre los suaves vientos que mecen trigos y cebadas. Ligera como una mariposa gigante, su vuelo ingrávido le permite recorrer grandes extensiones de terreno sin apenas dar un aleteo.

Aguilucho cenizo de Eduardo Carrasco

Antiguo reproductor de los pastizales y matorrales bajos, la extensión de la agricultura transformó su hogar en un infinito cultivo. Afortunadamente, los aguiluchos (tanto el cenizo como el pálido) pudieron capear lo más grueso del temporal y lograron hacer de los altos cereales de secano su nuevo hogar.

Planeador y acróbata insuperable, todos los años recorre, dos veces, la colosal distancia entre Europa, donde se reproduce, y África, donde recala en su eterna primavera para salvar el crudo invierno europeo.

 Al regresar cada primavera, hace suya una parcela de terreno que puede tener muy pocos metros cuadrado.  Su modesto tamaño y su fuerza escasa, le lleva a buscar la compañía de otras parejas para poder defender juntos sus nidadas frente a multitud de depredadores: zorros, milanos negros, águilas calzadas y sus primos de gran tamaño, los aguiluchos laguneros. Al primer grito de alarma, toda la colonia se eleva en los cielos en un remolino de alas y gritos en pos del enemigo mayor, pero menos ágil. El trabajo conjunto les brinda algunas victorias y algunas tragedias.

De todos los espectáculos que nos regalan durante su estancia, nosotros nos quedamos con sus dulces y melódicos planeos mecidos por la suave brisa primaveral y por sus acrobáticos intercambios de comida dentro de la pareja. En esta especie, sus machos lucen bellos y vivos colores para reclamar la posesión de sus territorios y para engatusar a las pardas hembras. Estas, algo mayores y encargadas de las tareas de la incubación y cuidado de los pollos, se ven obligadas a convertirse en cereal. Para esto, lucen unos discretos y pardos plumajes. Para evitar delatar al nido, los machos se dedican a las tareas de la aza. Ratones, pajarillos e insectos grandes integran su variedad dieta. Cuando, por fin, cazan una presa, se dirigen raudos y directos al nido. Sin embargo, no bajarán al mismo, sino que chillarán para que la hembra alce el vuelo y capture en el aire la presa lanzada por su compañero. Estos lances aéreos son las más espectaculares de todas las acrobacias aéreas de nuestras rapaces. ¡Todo un regalo para la vista!

Mucho más podríamos contaros sobre estas aves bellísimas. Simplemente recordaros la difícil situación que están pasando debido al cambio climático y a las modernas cosechadoras que arrasan sus nidos. Afortunadamente, en muchas provincias de España existen grupos de apasionados de las aves que se organizan para tratar de salvarlas.  Busca en tu provincia si existe una de estas asociaciones y únete a ellos en las Campañas Aguilucho. Y si no hay una asociación cerca, ¡lánzate y crea la tuya! Tu tiempo puede salvar la vida de muchas de estas aves bellísimas. ¡Animate!

Conservación de los humedales como sumideros de carbono.

Noticias ambientales

Desde la Fundación Global Nature, referente en la conservación de humedales y única entidad española con el prestigioso premio Ramsar, trabajan por poner en valor el papel de los humedales como sumideros de carbono, a través medidas de gestión, restauración y conservación que supondrán una reducción de las cantidades de gases efecto invernadero (GEI) en la atmósfera.

Más información:

¡El vencejo común es la nueva Ave del Año!

Relatos de la naturaleza

Lamentablemente, no le vamos a dar la enhorabuena porque se trata de una noticia pésima. Que un ave que come insectos y que puede criar debajo de tejas y en todo tipo de agujeros elevados, se encuentre en una situación tan desfavorable como para ser elegida Ave del Año, no es sino una triste y muy reveladora señal de los problemas ambientales que sufrimos. En el caso del vencejo común (Apus, apus), las causas de su ruina hay que buscarlas en la contaminación que envenena a sus presas, la eliminación de oquedades durante las restauraciones de las viviendas tradicionales, y que no tienen en cuenta la gran cantidad de especies que las necesitan, la ausencia de agujeros en los edificios modernos, auténticas “moles de Lego”, y en el dramático cambio climático que está convirtiendo al Sahara en una barrera infranqueable, y a las llanuras de África donde invema, en una auténtica prolongación de este desierto que todo lo engulle.

Vencejo común (Apus, apus)

Sirva esta elección para llamar la atención sobre su delicada situación y como llamada, casi desesperada,  para redoblar los esfuerzos para la conservación de toda nuestra naturaleza. Ojala tengamos la voluntad necesaria para revertir esta situación y podamos volver a maravillarnos con los corros chillones de estas aves velocísimas, capaces de volar más de 500 kilómetros al día, de dormir, beber, cazar y hasta copular en el aire, y que son el símbolo de la naturaleza más fascinante de las ciudades y pueblos.

Desde hace varios días está circulando este vídeo del “encuentro” de una macho de urogallo en actitud de celo y un esquiador de fondo.

Relatos de la naturaleza

Puede parecernos espectacular y hasta bonito, pero en realidad es una tragedia para el urogallo: una pista de esquí de fondo que se ha trazado ( quizá solo sea un camino) atravesando el corazón de su territorio, haciendo casi imposible que este macho y las hembras de la zona puedan criar por las molestias. Una prueba más de la falta de planificación de estas actividades.